Una de las tradiciones que aún prevalece en Kantunilkín, a pesar de ser cabecera municipal, es el “Jéets’ Méek’”, una ceremonia maya que marca el inicio de la vida de un niño en la comunidad.
La ceremonia consiste en cargar al bebé en la cadera de los padrinos, quienes dan vueltas alrededor de una mesa con objetos simbólicos y ofrecen alimentos específicos para fomentar ciertas habilidades y actitudes.
Recientemente, la familia Balam Vásquez, acompañada de sus padrinos, realizó esta ceremonia para su hija menor de tres meses. Durante el ritual, la bebé fue cargada sobre la cadera izquierda, mientras se daban vueltas alrededor de una mesa con herramientas como un machete y una escoba, así como alimentos como huevo, pepita de calabaza y sal. En cada vuelta, se entregaban al bebé objetos simbólicos acompañados de una explicación de su significado.
El sacerdote maya Teodoro Canul Balam, responsable de la ceremonia, explicó que el huevo representa la luna llena, el pensamiento y la sabiduría; la pepita de calabaza fomenta el habla fluida y el entendimiento; la chaya abre la mente y la actitud; y la sal se ofrece para evitar engaños.
Destacó que el Jéets’ Méek’ es una tradición importante en la cultura maya, pues simboliza la conexión del niño con su comunidad y su futuro. La ceremonia refleja el sincretismo cultural, al combinar elementos mayas con creencias católicas, y transmite valores esenciales para el desarrollo del niño.
Además, otorga a los padrinos una responsabilidad especial, pues se comprometen a apoyar al menor en caso de enfermedad y a inculcarle valores para su desarrollo como ciudadano.
Canul Balam lamentó que las nuevas generaciones muestren cada vez menos interés por estas prácticas debido a la globalización, pero subrayó su importancia como legado cultural transmitido por los ancestros mayas. (Mauricio Balam)








