Tiempos difíciles… – Así nos vemos
24 Oct. 2025
Edgar Prz
La situación económica del país no está tan boyante como nos pretenden hacer creer. La población está padeciendo severos problemas de liquidez, lo que limita la adquisición de bienes y servicios, los cuales están casi inalcanzables. Los salarios, a pesar de los considerables aumentos, son solo paliativos, ya que la inflación hace meses los pulverizó.
Hay una recesión generalizada en donde los actuales gobernantes, de todas las filiaciones, no lo resienten por lo generoso de sus salarios, prestaciones, donativos y algunos más con herencias recibidas. Todos los estados están endeudados y ahora ese mal ya también lo padecen los municipios, a pesar de que manejan presupuestos onerosos y reciben participaciones de índole federal y estatal.
Hay rezagos enormes en infraestructura, en instalaciones; solamente se construyen obras de relumbrón para justificar presupuestos, pero las obras que necesitan en verdad los pueblos no están contempladas. Por ello, en todos lados se observan construcciones que, a los pocos meses, son abandonadas o se entregan sin terminar, como ejemplo los Centros de Salud, que entregan los edificios, pero sin el equipo ni material requerido para operar. Se ha optado por soluciones mediáticas y no por respuestas de largo alcance. Es común ver iluminación, avenidas principales en aparentes condiciones de rodamiento satisfactorias; solo basta darse una vuelta y meterse por las calles laterales y encuentras otra realidad: calles llenas de baches, oscuras, sin banquetas o ya muy deterioradas; coches abandonados que ocupan las aceras, cerros de basura maloliente por el paso de los días sin ser recolectada, inseguridad al máximo. Es más, hasta las tienditas de la esquina están enrejadas para no volver a ser asaltadas.
Esa es la triste, cruda y verdadera postal de las ciudades; esa es la vida cotidiana de mucha gente, ese es el hábitat de miles y miles de paisanos que eligieron este estado para venir a desarrollarse. No comentemos del hacinamiento que sufren las familias al vivir en departamentos muy pequeños para el número de integrantes. Una verdadera epopeya la sobrevivencia; solo que esos escenarios son propicios para la incubación de ideas malsanas, de actitudes impropias, del surgimiento de vandalismo. Al no tener los jóvenes dónde recrearse o distraerse, se ponen a pensar en cómo salir de esos “ghettos”, “favelas”, y ese es el detalle: la facilidad para actuar que les otorga la maldad. Esas condiciones de vida generan más del 80 por ciento de los actos denigrantes; la gente no nace mala, se hace mala por lo limitado de las condiciones para obtener un desarrollo justo y pleno.
Cabría preguntarse: ¿cuánto se gastan los gobiernos en promocionar su imagen, sus obras? ¿Por qué mejor no lo invierten en mejorar las condiciones de vida de sus gobernados, en acabar el “culto a su imagen”, en halagar a su séquito, a su cofradía de oledores? Estamos en un vagón de bajada y parece no preocuparles. Los gobernantes viven su mundo, crean sus historias y entre ellos se dan ternura y ánimos, se sienten privilegiados, deslumbrados por el oropel, las luces y las fanfarrias; no dimensionan que todo es pasajero, es momentáneo, es fugaz, y se suben a la ola sin saber por qué.
A todo este incierto panorama súmele la creación de nuevos y el aumento a los impuestos del 2026; la carga fiscal para el pueblo es agobiante. Les gravan a los productos más populares, a los que puede adquirir la gente, a los de mayor consumo, con el engaño de que producen enfermedades como cáncer, diabetes, hipertensión y otras. Tampoco hacen nada para sustituirlos en un mercado de más de 120 millones de consumidores. Espantan y aumentan, no solucionan ni dan propuestas; ese ha sido el modus operandi por los siglos de los siglos. Ahora la población de nuestro estado está sufriendo las consecuencias del “cae y gástalo”. Así estuvo por muchos años la industria turística: se aprovecharon y explotaron a más no poder los recursos naturales, la belleza de las playas, y nunca, nunca construyeron infraestructura integral para prevenir días aciagos. No, lo que entraba, salía; total, mañana vendrán otros. Ese pensamiento obtuso, negligente, parco, está afectando sobremanera. Ya los turistas, que son una industria volátil, encontraron otros destinos más seguros y baratos; por ello la ausencia de actividades en Playa del Carmen, Tulum, Mahahual y los consabidos efectos a terceros.
Urge un análisis retrospectivo. Todo por servir se acaba, hasta la lozanía y juventud de las “muñecas”, a pesar de cirugías, cremas y tratamientos. Ahora véalo como industria y notará que hay un atraso en servicios tanto para el turista como para la población. Hay que replantearse con urgencia este y varios temas. Solo recaudar sin invertir nunca ha sido sano, ¿no lo cree usted?
Ahí viene otro golpe para Quintana Roo: acaban de autorizar los diputados un aumento significativo para ingresar a las zonas arqueológicas, museos y a los turistas por ingresar al país, a partir del 2026. Eso significará pérdida de competitividad ante otros destinos y la afluencia de visitantes.
Está el estado atravesando serios problemas por la nula presencia de turistas y ahora agréguele el nuevo aumento. ¿A dónde vamos a parar?
Mejor seguiré caminando y cantando: “¿A dónde vamos a parar? Con esta hiriente y absurda actitud, démosle paso a la humildad y vamos a la intimidad de nuestras almas en total plenitud…”















