AGENCIAS
WASHINGTON.- La histórica misión alrededor de la Luna ha tenido un contratiempo inesperado: el retrete de la cápsula Orión, valorado en unos 23 millones de dólares, ha presentado fallas recurrentes que han obligado a la tripulación a evitar su uso durante parte del vuelo.
La advertencia llegó desde el centro de control en Houston, donde los ingenieros de la NASA instruyeron a los astronautas de la misión Artemis II a utilizar sistemas alternativos mientras se resolvía el problema. La recomendación fue clara: no usar el inodoro principal hasta nuevo aviso.
El fallo comenzó poco después del despegue, cuando la tripulación reportó una avería en el sistema de recolección de residuos. Entre los problemas detectados se encontraba un ventilador atascado y posibles obstrucciones en las líneas de evacuación, lo que obligó a intervenir desde Tierra con instrucciones paso a paso para intentar restablecerlo.
Aunque en un primer momento la reparación pareció funcionar, las fallas reaparecieron de forma intermitente en los días siguientes. En algunos casos, los astronautas tuvieron que recurrir a dispositivos de emergencia diseñados para situaciones de contingencia durante vuelos espaciales.
A las complicaciones técnicas se sumó un incidente adicional: la detección de un olor inusual en el compartimento del baño, descrito por la tripulación como un posible aroma a “material quemado”. Los ingenieros revisaron datos de energía y calefacción, pero no encontraron anomalías que explicaran el fenómeno.
Desde la agencia espacial se ha señalado que este tipo de sistemas son especialmente complejos debido a las condiciones extremas del espacio. Aun así, el incidente ha puesto de relieve un aspecto poco visible pero crucial de las misiones espaciales: incluso los equipos más avanzados pueden enfrentarse a problemas muy terrestres.


