La cervecera inició preparativos para su instalación en Kanasín, con inversión de 500 millones de dólares; comunidades mayas denuncian impactos al agua y señalan que la consulta realizada fue una “farsa”.
Heineken México comenzó los preparativos para construir una planta cervecera en el municipio de Kanasín, Yucatán, con una inversión de 500 millones de dólares, parte de un plan de expansión de 2,750 millones que la compañía neerlandesa ejecutará en México hasta 2028. Según informó su presidente y director ejecutivo, Rudolf van den Brink, la fábrica tendrá una capacidad inicial de producción de cuatro millones de hectolitros anuales, con posibilidad de duplicarse en función de la demanda. Se prevé que inicie operaciones en 2026 y genere más de 2,500 empleos directos e indirectos.
La planta, que será la octava de Heineken en el país, busca abastecer al mercado del sureste y aprovechar la conectividad carretera, ferroviaria y portuaria de la región. Desde ahí se producirán marcas como Tecate, Sol, Amstel Ultra y Dos Equis. Sin embargo, el proyecto enfrenta resistencia de colectivos y comunidades mayas que cuestionan el impacto ambiental y social que tendrá en el acceso al agua potable de la zona.
El 26 de julio, cientos de personas se manifestaron en Mérida contra la instalación de la planta. Integrantes de la Asamblea por el Agua y el Territorio de Yucatán, junto con otros colectivos, marcharon con consignas como “El agua no se vende, se cuida y se defiende” y “Fuera Heineken de Yucatán”. Señalaron que el megaproyecto se impondrá en un contexto de desabasto hídrico en comunidades cercanas y denunciaron que se planea extraer grandes volúmenes de agua del acuífero peninsular para producir cerveza.
Los manifestantes también cuestionaron la legalidad de la consulta indígena que la empresa asegura haber realizado en Kanasín. Activistas como Haziel de la Cruz, de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíimbal, afirmaron que dicha consulta no fue libre ni informada, y la calificaron como una “farsa”. Explicaron que el proceso no cumplió con los estándares internacionales que obligan a realizar estos ejercicios de manera previa y culturalmente adecuada, y criticaron que se presentara como un aval comunitario para el proyecto.
Entre los puntos de mayor preocupación destacan los posibles efectos sobre la Reserva Ecológica Cuxtal, que abastece cerca del 50% del agua potable de Mérida. Los opositores advierten que, al igual que ha ocurrido con otras cerveceras en Yucatán, podrían intensificarse problemas de contaminación, sequías locales y deterioro de los mantos freáticos. Además, señalan que la llegada de industrias de bebidas alcohólicas ha estado vinculada al aumento de problemas sociales como el alcoholismo y la violencia intrafamiliar.
Por su parte, Heineken y autoridades federales defienden que el proyecto generará empleos y derrama económica para la región. No obstante, los grupos opositores sostienen que los beneficios no compensan los riesgos ambientales y que la población local apenas se verá favorecida. Han anunciado que continuarán con acciones de información y movilización para frenar la obra, mientras exigen transparencia sobre el impacto ambiental y el uso del agua en la nueva planta.







