29 mayo, 2026

Velos espesos – Introspecciones y avistamientos

José Juan Cervera

Si el concepto de cultura incluye el quehacer humano en todas sus manifestaciones, en el núcleo de ella está presente siempre el poder, que engloba los recursos con los cuales se incide sobre la conducta de las demás personas, abarcando la capacidad propia para transformar el ambiente inmediato, natural y social. Las instituciones establecidas concentran múltiples elementos que permiten dirigir, modificar o inhibir el comportamiento ajeno, pero los individuos y las comunidades también ejecutan acciones que influyen en todo aquello que otras personas juzgan necesario, útil o apropiado para su sobrevivencia o su desempeño cotidiano en condiciones aceptables. Desde esta perspectiva, las nociones que cada quien logra transmitir y fijar en el pensamiento propio como resultado de su práctica diaria en refuerzo de su sentido, cobran efectos políticos, es decir, repercuten en las formas de organización social.

La publicidad y la propaganda mueven enormes fondos monetarios en el ámbito global, porque son medios que permiten moldear preferencias colectivas en una dirección determinada, sea hacia el consumo de diversos productos, en un caso, o para favorecer a una entidad o figura reconocidas en el ámbito público, aun cuando los caracteres que se resaltan para ello no concuerden con los hechos o con las cualidades reales de aquello que se enfoca para atribuirle un cariz relevante. En este punto juega un papel significativo el término ideología, que puede concebirse en el sentido clásico de falsa conciencia o, en otras palabras, como deformación de la realidad inducida conforme con un plan previo. Aunque para una mirada medianamente perspicaz todo lo anterior puede resultar un conjunto de ideas obvias, es algo que se soslaya frecuentemente para dar motivo a confusiones y conformidad pasiva en provecho de unos y en detrimento de muchos.

La cultura de masas es un terreno sumamente fértil para oscurecer la interpretación de los acontecimientos y hoy el auge tecnológico en sus numerosas aplicaciones propicia un mayor control de las vías que pudieran sacudir en alguna medida prejuicios y suposiciones retorcidas. Lo que hoy ha pasado a llamarse Inteligencia Artificial, que hasta cierto punto ayuda a obtener resultados útiles en el campo de la ciencia, es también fuente de imposturas, falsificaciones y delitos, suplantación de personalidad, desplazamiento de trabajadores calificados, plagio, usos militares de alto impacto y daño inconmensurable al medio ambiente; como suele suceder cuando se trata de innovaciones de este orden, las grandes potencias echan mano de ella sin escrúpulos ni límites éticos, con el solo afán de dominar a costa de las necesidades y el bienestar del resto de la humanidad e incluso de la permanencia efectiva de todas las especies en el planeta.

Y así es como los medios de difusión masiva son espacios idóneos para imponer criterios engañosos y versiones distorsionadas de hechos e intenciones, así como para aislar voces críticas que asumen la gravedad de los problemas desde sus raíces; maximizan lo intrascendente y niegan alternativas para emprender soluciones tendiendo velos espesos sobre los ojos de las mayorías y desviar su energía hacia metas estériles, condicionándolas a reproducir modelos vanos y zambullirse en la frivolidad que ofrece la industria del entretenimiento. Cada firma que proclama asumir una labor informativa responde a lineamientos precisos que señalan el sentido de sus comunicaciones, se identifica con determinadas fuerzas en conflicto y combate a las contrarias aparentando una imparcialidad que es totalmente inexistente en la esfera de los intereses sociales opuestos que regulan las relaciones privadas y públicas; de ahí, por ejemplo, surgen no sólo las notas tendenciosas de los periódicos y programas de radio y televisión sino también, en el caso de los medios de prensa, el propio orden de los titulares, el sesgo faccioso de la forma como se presentan los sucesos. Con una pizca de suspicacia es posible reconocer tales pretensiones nada ingenuas.

En el rubro de los artículos de opinión, los editorialistas obran como voceros y favorecedores de posiciones en pugna, aun si pregonan un papel neutral a toda prueba y un dominio de especialidades profesionales y de saberes específicos. Pero los delata su método de aproximarse y exponer la realidad que dicen examinar. Por lo común aíslan los aspectos esenciales de los secundarios confiriéndoles más peso a estos, con ello abonan a que el público deje de practicar conexiones esclarecedoras de los factores que intervienen en los procesos sociales y en los asuntos de interés general. De este modo, hay un orden de conocimiento que puede sugerirse u omitirse deliberadamente. Incluso los espacios que dicen abogar por tribunas libres en las que concurran diversas expresiones del pensamiento se inclinan por un lado de la balanza, y en ellos los paladines del oscurantismo remozado cumplen su tarea como si fuera obra de aplauso y de mérito.

Related Post