21 mayo, 2026

Vino mexicano, una historia de resistencia – MUNDO DEL VINO

En un escenario internacional marcado por la sobreproducción y la baja del consumo en potencias vitivinícolas como Francia, España o Argentina, el vino mexicano ha logrado abrirse paso con una historia de resistencia y adaptación. A pesar de no contar con subsidios ni un respaldo institucional sólido, la industria nacional ha crecido gracias a su calidad, una estrategia de posicionamiento eficaz y el desarrollo del enoturismo.

Según el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), presidido por Salomón Abedrop, en las últimas dos décadas la participación del vino mexicano en el mercado nacional pasó del 10% al 39%. Aunque el 61% del vino consumido en México sigue siendo importado, el crecimiento del producto nacional es significativo. Ya no se trata de una rareza, sino de una alternativa que compite con fuerza en precio y calidad.

Uno de los mitos que el CMV busca desmontar es que el vino mexicano es caro. Hoy, un tercio de las botellas nacionales cuesta menos de 300 pesos, y solo el 21% supera los 500. En volumen representa el 39% del consumo, pero en valor apenas el 34.5% del gasto, lo que sugiere un precio promedio inferior al de los vinos importados.

Sin embargo, el consumo sigue concentrado. De los 8 millones de personas que beben vino en el país, el 80% pertenece al decil de mayores ingresos. Democratizar su acceso y ampliar la base de consumidores es uno de los grandes retos del sector.

El panorama es más complejo si se considera la falta de apoyo institucional. No existen incentivos para sistemas de riego, rehabilitación de pozos ni acceso a créditos accesibles. La desaparición de la Financiera Rural y las limitaciones del FIRA para fondear fuera de la banca privada han encarecido aún más el financiamiento para los productores.

A esto se suma la competencia desleal. Vinos provenientes de Europa, Estados Unidos o Chile llegan al país sin aranceles y, en muchos casos, con subsidios de origen. Algunos incluso se embotellan en México, sin claridad en su etiquetado, lo que afecta a los productores nacionales. Ante esto, el CMV ha lanzado el sello “Vino Mexicano”, integrado al programa “Hecho en México”, que garantiza origen y autenticidad.

Otro eje de fortalecimiento ha sido la capacitación. En 2024, más de 17 mil personas del sector restaurantero y hotelero fueron instruidas en servicio del vino y maridaje, con planes de duplicar esa cifra en 2025. Finalmente, el enoturismo ha generado una derrama económica superior a los 10 mil millones de pesos en 2023, consolidándose como una vía directa de ingresos para las vinícolas mexicanas.

El vino mexicano avanza, a pesar de todo, con identidad y determinación. (Fuente: entrevista a Salomón Abedrop en El Economista)

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