El vínculo entre el vino y la salud vuelve a generar debate, impulsado por nuevas investigaciones y posturas encontradas dentro de la comunidad científica. En Italia, el tema cobró fuerza tras las declaraciones del farmacólogo Silvio Garattini, fundador del Instituto Mario Negri de Milán, quien cuestionó abiertamente la promoción institucional del vino y recordó que la Organización Mundial de la Salud clasifica el alcohol como carcinógeno, asociado a diversos tipos de cáncer.
Frente a esta visión, otros especialistas plantean una lectura más matizada. La International Academy for Healthy Drinking reúne a investigadores como Giovanni Scapagnini y Karin Michels, quienes sostienen que el consumo moderado de vino, integrado a un estilo de vida equilibrado, puede tener efectos distintos a los del consumo excesivo.
Este enfoque fue retomado hace apenas unos días en la Academia de Medicina de Turín, durante un encuentro del Instituto para la Investigación sobre Vino, Nutrición y Salud (Irvas). Ahí, especialistas como Attilio Giacosa y Emanuele Albano defendieron que el vino debe analizarse dentro de un contexto dietético más amplio, no como un elemento aislado. Ambos coincidieron en que factores como la dosis, la frecuencia y el perfil del consumidor son determinantes.
Entre otros estudios recientes destaca un análisis presentado en el Congreso anual del American College of Cardiology, basado en datos de más de 340,000 adultos del Reino Unido. Los resultados sugieren que el consumo moderado de vino se asocia con menor mortalidad cardiovascular en comparación con otras bebidas alcohólicas.
Otro trabajo, publicado en European Heart Journal y desarrollado por la Universidad de Navarra junto al Hospital Clínic de Barcelona, siguió a más de 18,000 personas durante dos décadas. En ese estudio se evidenció que aquellas personas que combinaban dieta mediterránea con consumo moderado de vino presentaron una reducción de mortalidad de hasta 33%.
Sin embargo, los propios investigadores advierten que estos resultados no son universales. El posible beneficio no depende solo del vino, sino del conjunto de hábitos en los que se integra. Además, superar niveles moderados elimina cualquier efecto favorable observado.
El debate, lejos de cerrarse, se vuelve más complejo. Entre advertencias firmes y matices científicos, el vino permanece en una zona gris donde la evidencia evoluciona constantemente. Más que certezas absolutas, lo que emerge es la necesidad de entender el consumo dentro de un contexto personal, informado y responsable.
Vino de la semana: Marqués de Riscal Reserva Rioja. Disponible en México, es una opción clásica para disfrutar con moderación, ideal para acompañar alimentos y explorar el equilibrio entre tradición y consumo consciente.

