18 abril, 2026

18 puntos: encuestas e incertidumbre electoral – Desde El Rincón


Inosente Alcudia Sánchez
Deliberada o no, la actividad política de Xóchitl Gálvez metió freno en las últimas semanas.
Hace días escuché a la Senadora explicar que la disminución en su activismo obedecía a
que estaba ocupada en labores de planeación estratégica, en negociaciones con los
dirigentes de los partidos del Frente Amplio por México (PRI, PAN, PRD) y en preparar
material promocional para la campaña. En suma, la cabeza de la oposición se justificó
afirmando que está haciendo chamba de oficina, una labor ciertamente necesaria, pero que
muchos analistas han interpretado como un “enfriamiento” en su aspiración presidencial
(“perdió espíritu”, escuché decir a Ciro Gómez Leyva). Todavía, este martes, leí en El
Economista un artículo de Manuel Ajenjo, cuyo título es contundente: “Xóchitl Gálvez,
abandonada política”.
El “abandono político” que refiere el columnista Ajenjo se hizo más evidente al compararlo
con el activismo desplegado por la aspirante de Morena, quien se ha dado vuelo en una gira
nacional encabezando eventos multitudinarios en las principales ciudades del país. Aunque
el estadio azulgrana a medio llenar, en CDMX, fue un fuerte tropezón en esa desbocada
carrera, la segura candidata del oficialismo se ha visto como la verdadera cabeza de su
coalición (bueno, la segunda en el mando después de YSQ); mientras que la señora X no ha
conseguido mostrarse como una líder con la fuerza necesaria para imponerse a los
presidentes de los partidos del FAM. Lo cierto es que, por estrategia o error, sí hay una
desaceleración en la agenda de la responsable de la coalición opositora; en tanto que el
oficialismo siguió vertiginoso y sólo contuvo su actividad a raíz de la tragedia que se abate
sobre Acapulco.
Así las cosas, a principio de octubre, cuando ya era claro que la competencia por la
presidencia de la República sería entre Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, el periódico
El Universal publicó una encuesta que daba 30 puntos de ventaja a Claudia sobre Xóchitl.
La primera tenía 50 puntos de preferencia y la segunda alcanzaba sólo 20. Un escándalo
para algunos. Sucede que, un mes después, el 31 de octubre, El Financiero dio a conocer un
estudio de opinión según el cual la abanderada de Morena tiene 46 por ciento de
preferencias, contra 28 por ciento de la responsable del Frente opositor. Vemos, entonces,
que la diferencia entre ambas es de 18 puntos porcentuales, una ventaja que, si bien sigue
siendo holgada, muestra una evidente disminución respecto de los datos de hace un mes de
El Universal. En 30 días de reducida actividad opositora y de encendido activismo
oficialista, la encuesta de El Financiero nos dice que Sheinbaum perdió 4 puntos y Gálvez
ganó 8, lo que para unos podría significar luces de alarma y, para otros, una señal de
certezas de triunfo.
Más allá de las cifras y las diferencias metodológicas, los datos dados a conocer por El
Universal y El Financiero sólo muestran un escenario evidente: a ocho meses de las
elecciones, con campañas electorales por venir para elegir miles de cargos, destacadamente
Senadores, Diputados Federales y 9 ejecutivos estatales, aún no hay nada definido en la
competencia por la presidencia de la República. Pueden ser 30, 18 o 9 los puntos de
aceptación que hoy separen a las futuras candidatas, pero lo cierto es que será la campaña
electoral (o la suma de campañas federales y locales) la que defina a la ganadora, lo que
debe ser un acicate adicional para los equipos de ambas candidatas.

Sin embargo, la naturaleza se ha entrometido y no sabemos hacia donde evolucionará la
percepción y la preferencia ciudadanas ante el tratamiento que el gobierno está dando a la
tragedia de Acapulco. Querámoslo o no, Otis es un factor emergente en el proceso electoral
del 2024.
Desde el principio, parece que la tragedia que afecta a los guerrerenses alteró el humor del
presidente López Obrador y lo ha hecho prolongar sus mañaneras, como si quisiera cubrir
con injurias y soflamas los destrozos que causó el meteoro. La estrategia propagandística
presidencial incluye, parece, no dejarse ver en la zona del desastre ni con los damnificados.
No sé si la politización que está haciendo de la tragedia le rinda positivos frutos electorales
al presidente y a su partido. Tampoco se sabe qué tan efectiva será la gestión del gobierno
ante la enorme crisis, pero, políticamente, habrá un antes y un después de Otis. Por tanto,
sería bueno que las encuestadoras se tomaran un receso o que los adictos a ellas las lean
con más reservas de las habituales: el futuro es naturalmente incierto y, en el tiempo
nublado por venir, lo único prevaleciente es la incertidumbre.

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