18 abril, 2026

El PRI, ayer orgullo, hoy un cascajo… – Así nos vemos 

Edgar Prz 

Hace unos días cumplió 96 años de existencia el PRI. De aquel gigante electoral, de aquel venerable partido, de aquel que sentó los cimientos de la vida institucional, de la construcción de la modernidad, de aquel que amalgamó a todas las fuerzas revolucionarias y las transformó en un solo partido, de aquel que controlaba todo, hasta las hojas de los árboles para moverse le tenían que pedir permiso. Era un conglomerado, un Leviatán que dominaba todo y así lo hizo con este país por más de 70 años.

Su hegemonía se perdió con el carismático Vicente Fox en el año 2000. Fue la suma de una serie consecutiva de errores, fracasos, hartazgos, desilusiones, frustración de la ciudadanía. Se alejó de sus principios básicos, de la justicia social, del compromiso ciudadano, abandonó a la base electoral que era su sustento y comenzó a transformarse en una moda, recordemos que las modas son pasajeras, de ser un poderoso Charles Atlas pasó a ser un simple alfeñique. Hubo errores consecutivos que fueron minando, carcomiendo las estructuras de ese partido y como estaban en la gloria, endiosados (como los actuales), pensaban que nunca les pasaría nada, les sucedió como a aquel pasajero del Titanic que dijo que era tan bueno y seguro el barco que ni Dios podía hacerles algo, ¿qué les sucedió a las pocas horas? Chocaron con un témpano de hielo y les empezó a entrar agua hasta que se hundieron, hay similitud en las historias…

El PRI se daba el lujo que alguno de sus sectores destapara al candidato presidencial (como la tómbola de ahora). Concentraba todos los estratos sociales, jóvenes en el FJR, mujeres en el OMPRI, trabajadores en el Sector Obrero, campesinos en la CNC, profesionistas y otras actividades en la CNOP, tenía completo el menú y así, con un equilibrio, una balanza envidiable, se repartían los cargos políticos y administrativos. Era una estructura bien aceitada y afinada. Decía uno de los líderes icónicos, don Fidel Velázquez, dirigente de la CTM, a manera de guasa, “el que se mueva no sale en la foto”. Otro más, el profesor Carlos Hank González, que “político pobre es un pobre político”. Eran mensajes con lectura interpretativa, eran maneras de frenar ímpetus y desboques, era el estilo, lo que daba el plus al arte de gobernar. 

Así fueron pasando los sexenios; la oposición, al igual que hoy, era incipiente, escasa, casi no existía. Por supuesto que había luchadores sociales opositores de la izquierda, pero navegaban en solitario: Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Rosario Ibarra de Piedra y tantos otros, que hoy están en el corredor del olvido…

El PRI se fue infestando de “nuevos aires democráticos” y acabó con aquellos ideólogos, parece que no entendieron los llamados de Reyes Heroles, de Cosío Villegas, es más, el discurso valiente, histórico y combativo que dio Luis Donaldo Colosio en el Monumento a la Revolución, que era la sede de los grandes eventos. Hasta eso se ha perdido, ahora para los morenos su termómetro político es llenar el Zócalo, atiborrarlo con cientos de miles de personas para que se sientan contentos.

El PRI de ayer era un partido, el de hoy es un cascajo, un huacal con tripas. Se han perdido casi todos los espacios y los pocos que hay los usufructúan gente de cascos ligeros, gente que no representa nada de ideología, de conciencia, de compromiso, solo privilegian sus intereses. En el Congreso local solo cuenta con un diputado que se representa a sí mismo, nadie voto por él, nadie lo quiere, nadie lo respeta por su enorme voracidad en cargos anteriores, siempre propenso al “chaqueteo político” y con ese representante no hay garantía de nada.

Así, al PRI le llegó la hora de su cita con la historia. Uno de sus cachorros se convirtió en engendro del mal: Alejandro Moreno nació y creció dentro del partido, líder juvenil, muy joven lo hicieron diputado federal y su carrera política fue en ascenso, hasta ser gobernador de Campeche, luego brincó a la dirigencia nacional con su equipaje repleto de vanidad, egocentrismo, egoísmo, superficialidad, banalidad, opacidad y al PRI que estaba encajonado lo colocó al borde del abismo, de su desaparición. 

No se sabe si el PRI, como tal, se salvará. Está postrado en condiciones difíciles de subsistencia, está en lista de espera para desaparecer y Alito se siente dictador. El pequeño y escuálido ejército de militantes de ese partido anda desconcertado, extraviado, sus estructuras ya no existen, no funcionan, se volvió un club de amigos de Alito, ahora todo es recuerdo y añoranza.

No se ve intención de mejorar, está desfondado y sin brújula. Cada día son menos, el éxodo los fulminó y guardaron sus ideales, sus armas de lucha. Es más, son tan pocos en sus eventos que hasta sobran banderines.

El PRI merecía un mejor destino por su sapiencia, por su prosapia, por su otrora capacidad política, solo que la actual dirigencia pretende vivir de glorias pasadas.

Aquel partido que imponía condiciones hoy solo es objeto de sátira y burla… La apuesta es que, en esas condiciones miserables de desprestigio, de fatalidad, hasta sus aliados están empezando a desaparecer, ya se fue el PRD… ¿Alcanzará los 100 años? ¿Quién sigue? Si es así, ojalá organicen un concurso para su epitafio, ¿no lo cree usted?

Mejor seguiré caminando y cantando: “Vivirás en el recuerdo de mis días más felices. Vivirás en la poesía de una mañana sin sol, tú vivirás sin mí, yo viviré sin ti, solo el recuerdo de la dicha perdida. Vivirás en el recuerdo, en mis lágrimas caídas…”

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