En un Estado que presume por sus gobernantes que hay libertad, el pensamiento y la palabra de su sociedad deben ser libres también.
Gelfis M.
Por Gelfis Martínez
En un México donde hoy es gobernado por la primera dama del país, la Dra. Claudia Sheinbaum, y en el caso particular de este estado de Quintana Roo, la gobernadora Mara Lezama, hasta hace poco ejerciendo el oficio de locutora y conductora de radio y televisión en esta noble profesión de la comunicación, tenemos que hacer una pausa para traer a la memoria los últimos acontecimientos que vale la pena mencionar a propósito de este día conmemorativo que es el 7 de junio, Día de la LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN MÉXICO.
ANTECEDENTES:
Tras el asesinato de cuatro periodistas en el cierre del 2024 y de 47 durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), queremos entender y visualizar a priori e hipotéticamente un cambio significativo que habrá en la impartición de justicia, con esta oportunidad de los nuevos integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que sin duda alguna se ha de poner en la misma sintonía paralela con respecto a la valoración e importancia del ejercicio periodístico de la PRENSA EN MÉXICO.
Este sexenio (2024-2030), los y las periodistas de México, lo menos que deseamos, según las estadísticas que todos sabemos, es que el Estado mexicano y sus gobernadores de las entidades estatales NO sigan siendo el primer agresor A LOS PERIODISTAS en diferentes maneras, formas y estrategias judiciales.
La estigmatización de la labor periodística no debe ser la continuidad de la línea del discurso oficial heredada del pasado, eso nos hace posicionarnos en un blanco perfecto de la vulnerabilidad, y la RSF advirtió sobre esa retórica “violenta» y «estigmatizante» contra los periodistas, especialmente a través de la sección ‘¿Quién es quién en las mentiras de la semana?’ durante las conferencias presidenciales.
Si esta línea del discurso heredado y dirigido sigue, como las miles de veces escuchadas en el pasado («tenemos otros datos y otras cifras») y hoy la suple con la frase «se están haciendo las investigaciones pertinentes», es construir una torre de Babel en contra de la verdad, con otros datos y otras cifras que hablan de la realidad y las pruebas que se niegan a aceptar y se tienen en la mano, ya sea declarada por la ciudadanía multidisciplinaria, multiétnica y multicultural, o por ese “pueblo que salva al pueblo”, o simplemente por los medios de comunicación que no son neoliberales, ni son el enemigo extranjero, ni el de adentro de la casa, ni mucho menos el de fuera; por el contrario, somos los medios de comunicación la voz contestataria que, en nombre de la verdad, la justicia, la transparencia, la honradez, con ética profesional, decimos y alzamos la voz del cambio que un día era una utopía y hoy es otra realidad. No podemos dejar de ejercer el poder del pensamiento crítico, cuando sabemos que es la única defensa contra la manipulación y el fanatismo.
Artículo 19* presentó hace pocos meses un informe, ‘Derechos pendientes’, que registró 3,408 agresiones contra la prensa durante la gestión de López Obrador, un incremento del 62 % ante el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), cuando también hubo 47 asesinatos de comunicadores. Es decir, Obrador terminó con apenas un periodista asesinado menos que el del expresidente Felipe Calderón (2006-2012), hasta ahora el más letal, con 48 homicidios, de acuerdo con el informe de Artículo 19, que considera aquellas muertes en las que se acreditó un vínculo con su labor informativa*.
Hasta esta fecha, alrededor de 700 periodistas mexicanos se benefician de un mecanismo de protección estatal contra ataques del crimen organizado, pero la organización denuncia la insuficiencia de los protocolos.
Recordemos que la nueva presidenta, cuando era candidata, se había comprometido con RSF a «combatir la impunidad de los crímenes cometidos contra periodistas», según recordó la organización. EFE* coordinadora de Protección de Artículo 19, Mariana Suárez, en una entrevista con EFE.
De acuerdo con la organización, suman 168 periodistas asesinados en México desde el año 2000 en posible relación con su labor, «hay una situación de impunidad altísima en torno a estos casos de periodistas asesinados en México, un 89 %, lo que indica que hay una permisividad para agredir a la prensa en México».
México registra y se ubicó en el lugar 124 de 180 países y territorios en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa y a toda esta estadística se le suman los comunicadores que cubren temas sensibles sobre política o relacionados al crimen, especialmente a nivel local, quienes padecen advertencias y amenazas, no solo del crimen organizado, sino lo peor, de la misma élite del gobierno en turno, y en algunas ocasiones terminan asesinados, secuestrados o exiliados en el extranjero, no sin antes meterse con sus bienes, inventarles crímenes, ilícitos y las famosas carpetas de investigación que están al por mayor, que obedecen también a venganzas políticas, pasionales, dentro del sistema de impartición de justicia, de la fiscalía estatal por motivos personales, de amasiato, contubernios económicos, entre otras más.
Si bien la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, firmó en el 2024, todavía como candidata presidencial, el compromiso en defensa de la libertad de prensa con RSF, durante sus conferencias matutinas también cuenta con el espacio ‘Detector de mentiras’, según ella, con el objetivo de desmontar, con datos y evidencia verificable, rumores e información publicada en medios.
Según el recuento de RSF, desde el año 2000 y hasta el 2024, cerca de 150 periodistas han sido asesinados y 28 han desaparecido en México.
Por lo tanto:
¿Qué certidumbre y garantías tienen hoy los y las periodistas de México para ejercer la LIBERTAD DE EXPRESIÓN ante los medios impresos, televisivos, de las redes o de otras formas y maneras? ¿Hasta dónde los periodistas de hoy escinden y delimitan los complejos lindes fronterizos de la libertad llena de polémicas y disensos?
PROSPECTIVA:
La libertad de expresión es un derecho humano de siempre y para siempre. Ha jugado un aspecto crucial en el desarrollo del ser humano y de las sociedades, y mucho más a partir de las últimas cinco décadas, y cada día más, debido a las nuevas técnicas de comunicación masiva.
Hoy cada periodista y cada empresa dedicada a este ejercicio profesional tiene su propia interpretación de lo que es la LIBERTAD DE EXPRESIÓN según sus conveniencias, pese a lo que reza en la carta magna de la Constitución mexicana, pero en esencia, la libertad de expresión debe ser siempre para manifestar la verdad, con honestidad, una información objetiva, ya que es el pincel de la divulgación de criterios y opiniones propias, con el derecho de la crítica, pero también del respeto a otros derechos humanos que tienen las personas, actuando siempre con responsabilidad personal y con el sentido ético de la existencia.
La libertad de expresión es un sinónimo de responsabilidad social para con todo el conciudadano, por eso es imparcial, para que ayude a formar opiniones sobre temas ya sean internacionales, nacionales o locales, donde estamos llamados a contribuir a edificar la paz y las sociedades en el mundo o en la comunidad que nos tocó vivir, como un deber de todo ser humano buscando la perfección de los derechos y las libertades.
En consecuencia, me atrevo a confirmar la brillante exposición de los puntos de vista del reconocido campechano jurista, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y exministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Dr. Jorge Carpizo McGregor, que a la letra enumera:
- La libertad de expresión no es derecho a mentir.
- La libertad de expresión no es sinónimo de difamación y calumnia.
- La libertad de expresión no es derecho a desdibujar, alterar o maquillar la realidad.
- La libertad de expresión no es derecho a confundir a la audiencia.
- La libertad de expresión no es el avasallamiento de los otros derechos humanos.
- La libertad de expresión no es sustitución de los tribunales.
- La libertad de expresión no es el derecho a crear inquisiciones.
Por lo tanto, esta libertad de expresión es el canal de la esencia de la democracia, de los derechos humanos y de la identidad como ciudadano mexicano.
Hoy tenemos la obligación de hacerla valer, defenderla y, en su aplicación, ser congruentes entre quien la ejerce, con lo que hace y con lo que dice, escribe y señala en bien de esta sociedad.
Una fuente de agua no puede dar agua limpia y sucia a la vez.



