HAROLD AMÁBILIS
La plaza que cada año levanta el entusiasmo de esta comunidad durante sus festividades tradicionales fue escenario de un festejo de luces que quedará registrado en la memoria de los aficionados como una de esas tardes donde la emoción encontró sustento en la calidad de los toros y en la respuesta decidida de quienes vistieron el traje de luces. La Feria tradicional de Dzibalchén 2026 sumó a su programa una corrida en la que se lidió un encierro completo procedente de la ganadería San Martín de Porres, propiedad de Didier Martín, cuyos ejemplares pastan en los predios de Valladolid, Yucatán, y que en esta ocasión ofrecieron un juego variado y propicio para el lucimiento.




La responsabilidad de dirigir el orden del festejo y otorgar las distinciones correspondientes recayó en la figura de Fernando Manuel Pool Novelo, quien desde el palco de autoridad atendió con diligencia cada una de las solicitudes que surgieron desde los tendidos, manteniendo el pulso de una velada que fue creciendo en intensidad conforme avanzaban los tercios. El cartel anunciado para la ocasión enfrentó a dos matadores con estilos distintos, pero con una misma determinación de agradar al público: Mirafuentes de Anda y Javier Moreno, apodado en el argot taurino como Lagartijo, fueron los encargados de estoquear a los astados de la divisa yucateca. La cuadrilla de apoyo, fundamental para el desarrollo armónico de la lidia, estuvo compuesta por los banderilleros Genaro Suárez y Ángel Aké —cuyos pares y quiebros contribuyeron a mantener el ritmo del espectáculo durante el segundo tercio— y el picador Martín Joel Vázquez, pertenecientes todos a la Asociación Nacional de Picadores y Banderilleros.
Precisamente en el apartado correspondiente a la actuación del varilarguero es donde conviene detenerse un instante para subrayar un desempeño que rozó lo impecable. La intervención de Martín Joel Vázquez resultó memorable no solamente por el manejo de la garrocha con apego estricto al reglamento, sino por la calidad del caballo que montó, un ejemplar de notable estampa y respuesta que permitió ejecutar los puyazos con una limpieza pocas veces presenciada en las plazas de la región. La eficiencia demostrada por Vázquez facilitó que el resto de la lidia transcurriera por los cauces previstos y que los matadores pudieran enfrentar a sus enemigos en las condiciones idóneas para edificar el arte sobre el albero. El sobresaliente designado para esta función fue Carlos René Cen Ku, quien permaneció atento en el callejón como una sombra dispuesta para cualquier eventualidad.


En cuanto al desarrollo artístico, la tarde deparó emociones crecientes que fueron construyéndose conforme avanzaba la lidia de los distintos ejemplares de San Martín de Porres. La afición congregada en Dzibalchén, cálida y entendida, respondió desde el primer momento y supo reconocer con prontitud aquellos pasajes donde la entrega de los diestros alcanzaba cotas elevadas. El nombre de Javier Moreno Lagartijo resonó con fuerza a medida que su labor frente al burel correspondiente cobraba forma y solidez. El matador supo interpretar con inteligencia las condiciones de su retador para edificar una faena de trazo firme y templado, donde la muleta dictó los tiempos y la espada encontró el sitio preciso para rubricar una actuación de mérito sobresaliente. El público, puesto en pie, solicitó con vehemencia el reconocimiento máximo que estipula la tradición. Fernando Manuel Pool Novelo, atendiendo la petición mayoritaria del graderío, concedió al diestro el corte de dos orejas y el rabo de su ejemplar, trofeos que Moreno paseó alrededor del anillo en medio de una ovación cerrada que se prolongó durante varios minutos.
Mirafuentes de Anda tampoco se marchó con las manos vacías. Su actuación frente al astado que le correspondió en suerte estuvo marcada por una combinación de oficio y valentía, elementos que le permitieron sortear las complicaciones propias de la lidia y conectar con un sector importante de los asistentes. Al concluir su labor, la presidencia determinó otorgarle una oreja como reconocimiento a lo realizado sobre el albero, distinción que el coletudo recibió con evidente satisfacción y que paseó ante un público que aplaudió su desempeño. La función transcurrió sin contratiempos dignos de mención, con un desarrollo fluido que mantuvo el interés del respetable de principio a fin. La conjunción entre el juego ofrecido por los toros, la solvencia de los actuantes y la acertada labor de la cuadrilla contribuyó a configurar una velada que cumplió con holgura las expectativas depositadas en ella.
Así, el cierre de esta jornada taurina en el contexto de la Feria de Dzibalchén dejó un grato sabor entre los aficionados que se dieron cita para presenciar el festejo. La entrega de trofeos mayores, la ovación al picador Martín Joel Vázquez por su destacada monta y el reconocimiento a la labor de Genaro Suárez y Ángel Aké en banderillas conforman un balance que habla de una tarde completa, donde los distintos elementos que integran el espectáculo encontraron su justa medida. Dzibalchén reafirma así su lugar como punto de encuentro para quienes valoran estas manifestaciones, dejando constancia de que el campo bravo yucateco continúa aportando divisas de calidad. Y cuando el polvo del ruedo vuelva a posarse y la feria levante sus reales el año venidero, el eco de esta tarde permanecerá agazapado en la memoria de la plaza, aguardando el momento de repetir la hazaña.




