Claudio Obregón Clairin

Rostro estrábico olmeca
La ciencia y sus respuestas
Los estudios mitocondriales y la arqueología evidencian que, desde el Paleolítico, la región que nombramos Mesoamérica fue habitada por individuos provenientes de diferentes regiones del mundo, algunos de ellos arribaron a pie y otros navegando a remo. La Dra. Silvia González, de la Universidad John Moores de Liverpool, realizó un estudio a los restos óseos de individuos Pericúes quienes hasta hace 200 años habitaban en Baja California Sur; los resultados indicaron que están emparentados con los aborígenes australianos.
¿Cómo fue que los ancestros de los Pericúes lograron navegar el océano Pacífico y cuándo lo hicieron? Lo desconocemos. Por otra parte, la arqueología reconoce dos oleadas migratorias provenientes de Asia y Oceanía durante los periodos glaciares, una efectuada hace 40 mil años y la otra hace 12 mil.
¿Es factible que desde hace miles de años los seres humanos pudieran navegar los océanos o sus costas? En el vestíbulo del Museo Nazionale Preistorico Etnografico Luigi Pigorini, de Roma, Italia, se exhibe una barca con 7 750 años de antigüedad, mide 10 y medio metros de largo; fue encontrada sumergida en las aguas del lago Bracciano a 12 metros de profundidad, en un arcaico astillero del pueblo prehistórico de La Marmotta.

Canoa neolítica de La Marmotta. Italia
En el Neolítico europeo ya existía la tradición marítima y en algún lejano tiempo y remando a contracorriente, temerarios individuos de Oceanía atravesaron o bordearon el Pacífico hasta llegar directamente a Baja California Sur.
En aquellos soles, los océanos se encontraban al menos 100 metros por debajo de su nivel actual, el agua faltante estaba congelada en las regiones boreales y los glaciares se alzaban hasta 4 kilómetros de altura en los territorios que actualmente ocupa el norte de Canadá.
Una milenaria migración proveniente de África es una temeraria propuesta para comprender la presencia de individuos con características negroides mezcladas con asiáticas tanto en San Agustín, Colombia, como en los pueblos olmecas. Acostumbrados a vivir en regiones tropicales y por la anchura de sus fosas nasales, resulta difícil suponer que los grupos negroides hubieran venido caminando por las nieves del gélido Norte. Los estudios genéticos nos indican que los descendientes de las civilizaciones autóctonas de América no cuentan con el componente “L” del macrohaplogrupo africano, por lo que queda descartada la hipótesis de navegación desde África; sin embargo, las primeras culturas del Continente Americano tienen trazos negroides, habría entonces que apuntar a migraciones ancestrales y confirmadas (Pedra Furada, Brasil y Monte Verde, Chile) desde Australia y Oceanía donde los aborígenes cuentan con rasgos negroides.
Olmecas
Los pueblos olmecas de todas las latitudes compartieron un bagaje cultural y un estilo propio, pero fueron multilingüísticos, multiculturales y multiétnicos.
En 1927, Hermann Beyer fue el primer arqueólogo que publicó el término olmeca en una reseña sobre “un ídolo” fotografiado y dibujado en el volcán San Martín Pajapan por el explorador Franz Blom. En 1942, arqueólogos norteamericanos y mexicanos se reunieron en Tuxtla Gutiérrez para intentar ponerse de acuerdo sobre la interpretación de los pueblos y expresiones culturales que ahora nombramos olmecas… no hubo consenso.
Desde entonces han surgido diversas hipótesis sobre el origen de los olmecas: Mahew Stirling y Alfonso Caso lo situaron en el sur de la costa del Golfo de México e Ignacio Bernal y Richard Diehl coinciden con esa visión. John Graham lo identificó en el Pacífico guatemalteco, Miguel Cobarruvias propuso que los olmecas inicialmente se establecieron en Guerrero y luego se extendieron hacia Morelos, Puebla y Veracruz. Román Piña Chan sugirió un origen suramericano (Ecuador y Colombia). Charles Wicke lo ubicó en Oaxaca, John Clark y Michael Blake han sugerido la costa del Pacífico chiapaneco, Christian Duverger crispó a la comunidad arqueológica al proponer un origen “nahua”, finalmente, María del Carmen Rodríguez y Ponciano Ortiz plantean un proceso de desarrollo gradual entre los años 1700 y 1500 a.n.e. en todas las regiones antes mencionadas.
Las dataciones olmecas confirman ocupaciones tempranas en Teopantecuanitlán, Guerrero, hacia el año 1423 a.n.e. + – 112 realizadas por Guadalupe Martínez Donjuan,1986 y Christine Niederberger (1). La entrañable maestra Louise Paradis revisó el fenómeno olmeca y en lugar de una cultura madre, planteó cambiar ese término a un fenómeno cultural de amplio espectro y en Amuco Abelino, Medio Balsas, constató que ya había presencia olmeca en el 1530 a.n.e. + – 230 (2). David Grove planteó que las majestuosas pinturas murales de Oxtotilán fueron creadas hacia el 1000 a.n.e. (3). María del Carmen Rodríguez y Ponciano Ortiz situaron el sitio de El Manatí, en Veracruz, hacia el 1730 a. n.e. (4). Estos datos nos ofrecen un extraordinario mapa que revela los inicios de una dispersión cultural olmeca al menos hace 3500 años.
Desde el neolítico y quizá desde el mismo paleolítico existieron ancestrales relaciones culturales entre los pueblos pre-urbanos que después formaron a los olmecas y a las ciudades primigenias suramericanas como San Agustín, Colombia. Herederas de un probable y lejano pasado común, ambas latitudes americanas comparten: un lenguaje iconográfico, una fisonomía asiática y negroide, la práctica del chamanismo-jaguar como estructura de poder, petrograbados en los manantiales y escultura monumental, entre otros paralelismos.

Chamán de San Agustín, Colombia
La estatuaria de San Agustín evidencia semejanzas estilísticas y étnicas con las esculturas de los pueblos olmecas, como el lenguaje corporal, la presencia de wayob’ (nahuales o coesencias), la iconografía belicosa, la calidad y factura de la talla de la piedra, la edificación de tumbas con columnas monolíticas, sarcófagos de monolíticos decorados con diseños de jaguares y reptiles, así como los rostros jaguarizados de chamanes en trance.
Espejos
Decenas de artefactos y esculturas olmecas denotan rasgos negroides como la característica fisonomía de las cabezas olmecas; la escultura de la Cruz del Milagro, Veracruz; el danzante de Tzintzuntzan, Michoacán; el Enano de Jade del Cerro de las Mesas, Veracruz y el rostro de la Serpiente Emplumada y los wayob’ esculpidos en la Escena I de la Cueva Pak Ch’en, Quintana Roo, entre muchas otras expresiones plásticas de distintos pueblos olmecas.
Los olmecas no fueron todos de origen negroide, también encontramos una diversidad étnica: en el Monumento 13, en la Estela 3, en el Altar 4 de La Venta y en la Estela D de Tres Zapotes, aparecen individuos barbudos o con narices aguileñas, en contraparte, el lenguaje corporal así como el rostro sereno y sabio de la escultura El Luchador de Uxpanapa, asemeja a un guerrero asiático.

Luchador de Uxpanapa
Los orígenes olmecas se remontan a migraciones milenarias provenientes de diferentes latitudes, los pueblos olmecas sintetizaron diversas tradiciones para codificar una cosmovisión que dio sentido al devenir de las subsecuentes civilizaciones mesoamericanas: he ahí el desafío de su compleja interpretación ya que a pesar de que cuentan con un “estilo propio”, hay tantas variantes olmecas como diversos son sus orígenes.
2. https://www.academia.edu/529007/Revisi%C3%B3n_del_fen%C3%B3meno_Olmeca
3. https://www.famsi.org/spanish/research/grove/
4. https://libros.uv.mx/index.php/UV/catalog/book/FC023
