A 128 años de su fundación, la capital de Quintana Roo acumula infraestructura sin uso, proyectos inconclusos y modelos de desarrollo ajenos a su realidad; el problema de fondo no es la falta de inversión: es que la ciudad sigue intentando ser lo que no es
SALVADOR CANTO / EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE EL DESPERTADOR
A 128 años de su fundación como Payo Obispo —nombre que remite al arzobispo y virrey de la Nueva España, fray Payo Enríquez de Rivera—, Chetumal llega a su aniversario marcada por una contradicción.
Antes fue Chactemal, voz maya asociada al “lugar rojo” del palo de tinte; después, capital de Quintana Roo y sede de los tres poderes. Ese recorrido —atravesado por el mestizaje maya, europeo, afrocaribeño y hoy criollo— le dio peso político e identitario.
Hoy, ese legado contrasta con una realidad de estancamiento y falta de una estrategia de desarrollo consistente.
Con más de 378 mil habitantes proyectados para 2026, a partir del Censo 2020 del INEGI —que ese entonces registró cerca de 233 mil 648 habitantes—, la capital no ha traducido su papel institucional en dinamismo económico. Su vocación administrativa, fronteriza y regional se ha sostenido en el comercio y el aparato gubernamental. Durante décadas, la zona libre y el intercambio con Belice la convirtieron en un polo económico. Ese modelo se agotó sin que surgiera una alternativa clara.
Para entender Chetumal hay que mirar su entorno: una ciudad fronteriza, asentada en una zona de lagunas, con un solo acceso terrestre relevante y conectividad restringida. No es un destino turístico masivo ni una metrópoli industrial, pero tampoco ha consolidado su papel como nodo administrativo y fronterizo. Esa condición ha marcado décadas de planeación fallida: del Plan Puebla-Panamá —rebautizado como Proyecto Mesoamérica— a iniciativas locales, la promesa de convertirla en punto estratégico sigue sin concretarse.
El patrón es constante: proyectos que se anuncian, pero no logran consolidarse.
A ello se suman intervenciones como el Barrio Mágico, todavía inconcluso, o el Parque Quintana Roo, subutilizado como espacio público. La ciudad acumula infraestructura sin una estrategia clara de activación.
El problema no es solo económico, sino político. La debilidad de los contrapesos ha reducido la exigencia pública y normalizado la ineficiencia. Gobiernos municipales cuestionados, programas estatales inconclusos y promesas federales incumplidas han alimentado una inercia persistente.
Así, el contraste es inevitable: mientras su historia sostiene su relevancia, su presente exhibe una ciudad sin rumbo definido. Este 5 de mayo deja de ser solo conmemoración para convertirse en un punto de revisión: el de una capital que sigue sin resolver qué es hoy y hacia dónde quiere ir.
Vacío político: la raíz del estancamiento
El elemento que articula buena parte de los problemas estructurales de Chetumal es la ausencia de contrapesos políticos efectivos. La ciudad enfrenta un doble vacío: por un lado, un gobierno municipal sin una dirección claramente definida en términos de desarrollo; por otro, una oposición que no logra ejercer presión sostenida ni construir alternativas visibles.

Diversos actores locales coinciden en que la participación pública organizada es limitada. No hay movilización social constante ni agendas estructuradas que den seguimiento a las decisiones gubernamentales. En ese contexto, la política se reduce con frecuencia a declaraciones mediáticas que no se traducen en acciones concretas ni en cambios de política pública.
Este entorno permite que los problemas se prolonguen sin corrección. Sin cuestionamiento público sostenido, los errores administrativos no generan consecuencias. Sin presión política, tampoco hay incentivos claros para mejorar la gestión o corregir decisiones fallidas.
Más que un fenómeno aislado, esta dinámica ha terminado por normalizar la ineficiencia. En Chetumal, la crisis no es únicamente económica o urbana: es, en el fondo, una crisis de representación, donde la ciudadanía tiene cada vez menos mecanismos efectivos para incidir en el rumbo de la ciudad.
Capital política, economía sin sustituto
Ser capital estatal implica, en teoría, una ventaja estructural: concentración de poder, flujo constante de recursos públicos y capacidad de atraer inversión. En el caso de Chetumal, esa condición no se ha traducido en crecimiento económico sostenido ni en la consolidación de un modelo productivo diversificado.

Durante décadas, la ciudad construyó su dinamismo a partir de su vocación comercial fronteriza. La zona libre y el intercambio con Belice permitieron el acceso a productos que no se encontraban en otras regiones del país, generando un flujo constante de consumidores y actividad económica. Ese modelo, sin embargo, perdió vigencia con la apertura comercial y la integración de México a los mercados globales.
El punto crítico no fue la desaparición de esa ventaja, sino la falta de una estrategia de transición. No se desarrollaron sectores alternativos que sustituyeran el peso del comercio fronterizo, ni se impulsó una política de diversificación económica.
En la actualidad, la economía local depende en gran medida del empleo público. La burocracia sigue siendo el principal sostén económico, lo que limita la innovación, reduce la competitividad y hace a la ciudad vulnerable a los ciclos presupuestales. Chetumal no solo perdió su motor económico: también dejó pendiente la construcción de un sustituto.
El diagnóstico sobre la situación económica de Chetumal está lejos de ser unánime. Mientras el discurso oficial insiste en que no existe una crisis estructural, el sector comercial describe un escenario de recesión prolongada que impacta directamente en la operación cotidiana de los negocios.
De acuerdo con organismos empresariales, más del 50% de los comercios afiliados arrastra deudas desde la pandemia, lo que evidencia una recuperación incompleta. A ello se suma el cierre de más de 50 negocios durante 2025 y al menos 20 adicionales en lo que va de 2026. En muchos casos, las ventas apenas alcanzan una cuarta parte de lo registrado en años anteriores.
Las causas son diversas: incremento en cargas fiscales, aumento en costos operativos y una marcada disminución en la circulación de dinero. Este contexto también ha afectado a empresas de mayor escala, como lo reflejan cierres recientes en sectores financiero y de entretenimiento.
La discrepancia entre las versiones oficial y empresarial no es menor. Más allá de la discusión sobre cifras, revela la ausencia de un diagnóstico compartido. Sin una lectura común de la realidad económica, el diseño de políticas públicas se vuelve fragmentado, reactivo y, en muchos casos, insuficiente para atender la profundidad del problema.
Rezago, fuga de talento y abandono institucional: PRI

A días del aniversario de la fundación de Payo Obispo, hoy ciudad de Chetumal, la dirigente estatal del PRI y expresidenta municipal de Othón P. Blanco, Cora Amalia Castilla Madrid, en breve entrevista con El Despertador, coloca el foco en el rezago estructural de la capital. Su diagnóstico es directo: la ciudad enfrenta un deterioro sostenido sin una respuesta gubernamental eficaz. “La capital está en condiciones muy lamentables. No hay un gobierno que esté respondiendo a las necesidades de la gente”, afirma.
Uno de los puntos centrales de su crítica es la fuga de talento. Jóvenes formados optan por migrar ante la falta de oportunidades laborales, lo que debilita el desarrollo local y profundiza la dependencia económica. A ello suma una lectura histórica: el sur del estado —señala— fue relegado durante décadas mientras se consolidaban polos turísticos como Cancún. “Fue una apuesta exitosa, pero dejó rezagadas a otras regiones que hoy exigen atención”.
Castilla Madrid también advierte sobre el deterioro urbano como reflejo de esa falta de planeación: calles en mal estado, hundimientos y ausencia de mantenimiento que impactan directamente en la vida cotidiana. “Chetumal parece una ciudad olvidada. No hay orden, no hay inversión suficiente”, sostiene.
Su postura refuerza una idea presente en el debate público: el rezago de la capital no es reciente, pero sí cada vez más visible.
Infraestructura sin impacto
La llegada de infraestructura federal a Chetumal generó expectativas de transformación económica y urbana. No obstante, en la práctica, ese impacto no se ha materializado de manera significativa.

La estación del Tren Maya, por ejemplo, presenta niveles de afluencia bajos y carece de una integración clara con una estrategia económica local que permita aprovechar su potencial. De manera similar, el aeropuerto internacional mantiene una conectividad limitada, con rutas restringidas que dificultan su consolidación como nodo regional relevante.
Estas condiciones reflejan un problema más amplio: la ausencia de una planeación integral que articule la infraestructura con objetivos de desarrollo. Las obras existen, pero no están conectadas entre sí ni vinculadas a una visión de crecimiento económico o urbano.
Sin esa articulación, la inversión pública se fragmenta y pierde capacidad de generar efectos multiplicadores. En lugar de detonar nuevas dinámicas económicas, la infraestructura permanece como un conjunto de elementos aislados que no logran modificar de fondo la realidad de la ciudad.
Proyectos económicos: promesas que no aterrizan

En los últimos años, distintos proyectos han sido presentados como ejes para reactivar la economía de Chetumal. Sin embargo, la constante ha sido la distancia entre el anuncio institucional y su materialización efectiva.
Ejemplos como el Tianguis Comercial Yum Kaax evidencian esta problemática. A pesar de haber sido inaugurado como un espacio destinado a dinamizar la actividad comercial, actualmente permanece en condiciones de abandono, con locales cerrados y señales visibles de deterioro, como pudo ser constado por el equipo de investigación de El Despertador.




Una situación similar se observa en el Polo de Desarrollo Económico del Bienestar, donde las inversiones proyectadas no se han concretado y la actividad industrial continúa siendo una expectativa más que una realidad.
Este patrón revela fallas en la continuidad de la planeación y en la ejecución de políticas públicas. Los proyectos no solo enfrentan problemas en su implementación, sino que tampoco generan consecuencias políticas cuando fracasan.




En ausencia de mecanismos de evaluación y presión pública, los errores se repiten. Así, las iniciativas que buscan reactivar la economía terminan integrándose a una lista creciente de intentos fallidos, sin lograr modificar el rumbo económico de la ciudad.
Chetumal, zona libre: el origen de una identidad comercial
El reconocimiento de Chetumal como zona libre no fue fortuito, sino una estrategia del Estado mexicano para detonar el desarrollo en una región fronteriza históricamente aislada.


El punto de partida se ubica en 1972, cuando un decreto federal otorgó a Quintana Roo —y particularmente a su capital— un régimen especial que permitía importar mercancías sin el pago de impuestos aduanales. Esta política convirtió a la ciudad en un nodo comercial clave del sureste.
Durante años, consumidores de distintas regiones del país acudían a Chetumal atraídos por la disponibilidad de productos extranjeros y precios más accesibles. Esta dinámica generó un flujo económico constante que impulsó el crecimiento del comercio local y consolidó una identidad vinculada al intercambio comercial.
En ese contexto se consolidaron incluso rasgos culturales que hoy siguen vigentes, como el consumo del queso de bola (edam), cuya popularización en la región está directamente vinculada a la facilidad de importación bajo este esquema.

Este periodo marcó una etapa de dinamismo que posicionó a Chetumal como un referente regional. Sin embargo, su dependencia de este modelo también condicionó su desarrollo posterior, al no generarse, en paralelo, otras bases económicas que permitieran sostener el crecimiento en el largo plazo.
El dinamismo comercial de Chetumal comenzó a debilitarse a partir de la década de los noventa. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) de América del Norte transformó las reglas del comercio en todo el país, reduciendo las ventajas comparativas de la zona libre.
A esto se sumaron otros factores: la apertura económica generalizada, la llegada de grandes cadenas comerciales, nuevas rutas de distribución y el crecimiento de destinos turísticos como Cancún y la Riviera Maya, que concentraron inversión y consumo.
Lo que antes era exclusivo dejó de serlo. Comprar productos importados ya no requería viajar a Chetumal.
El modelo de zona libre no desapareció de inmediato, pero sí perdió su capacidad de sostener por sí solo la economía local. La ciudad entró en una etapa de estancamiento, marcada por la dependencia del sector público y la falta de diversificación productiva.
El regreso de la zona libre: decretos federales y una realidad que no despega
En un intento por reactivar la economía local, el gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador impulsó la reactivación del esquema de zona libre mediante estímulos fiscales. La medida buscaba recuperar parte del dinamismo comercial que caracterizó a Chetumal durante décadas. Sin embargo, los resultados han sido limitados y no han logrado modificar de manera significativa la actividad económica de la ciudad.

El 31 de diciembre de 2020 se publicó un decreto que restablece beneficios fiscales, posteriormente ampliados en 2024. Entre ellos se incluyen reducciones en IVA, ISR y aranceles a la importación. En el papel, el esquema pretende devolver competitividad a la región fronteriza y atraer inversión.
No obstante, el contexto actual es distinto al que dio origen a la zona libre. Las dinámicas comerciales han cambiado con la globalización, el crecimiento del comercio electrónico y la presencia de grandes cadenas que han eliminado muchas de las ventajas comparativas del pasado.
El problema no parece estar en los incentivos en sí, sino en la lectura del entorno. Apostar por un modelo que funcionó bajo condiciones económicas distintas implica el riesgo de repetir estrategias sin adaptación. Más que rescatar el pasado, el desafío radica en construir un modelo acorde a las nuevas condiciones del mercado.
La crisis que nadie quiere ver
Mientras el sector empresarial advierte un deterioro acelerado del tejido económico en Chetumal, el discurso oficial mantiene una narrativa de estabilidad que contrasta con los datos en campo.

La Canaco-Servytur Chetumal-Tulum señala que el comercio opera al 40 por ciento de su capacidad, con caídas de hasta 50 por ciento en restaurantes. Además, cerca del 25 por ciento de las MiPyMES cerró en el primer trimestre, presionadas por informalidad y carga fiscal.
En contraste, desde la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDE), su titular, Paul Carrillo —radicado en Cancún—, rechaza la existencia de una crisis. Asegura que lo que ocurre es un proceso de “reubicación” de negocios y no un cierre generalizado, argumentando que algunos establecimientos buscan espacios más amplios o cambios de giro.
Aunque admite rezago frente al norte del estado, sostiene que la dinámica de aperturas y cierres no compromete el empleo, sin ofrecer cifras.
Organismos empresariales reportan al menos 30 cierres entre enero y abril y otros 25 locales fuera de operación. La discrepancia evidencia una brecha entre discurso y realidad que hoy se traduce en supervivencia cotidiana para el comercio local. Esta distancia de versiones complica el diseño de políticas efectivas y prolonga la incertidumbre en la capital.
Turismo: potencial desaprovechado, comparaciones erróneas y sin exigencia
Chetumal ha intentado posicionarse como destino turístico, pero enfrenta limitaciones estructurales claras. Su oferta hotelera —78 hoteles y poco más de dos mil habitaciones— de acuerdo con el Sistema de Información Turística de Quintana Roo (SITUR-Q) de la Secretaría de Turismo, es reducida frente a otros destinos del estado, y su conectividad sigue siendo limitada.

Aun así, cuenta con activos relevantes: la bahía, islas cercanas, la proximidad con Mahahual y Xcalak, y el Gran Agujero Azul “Taam Ja”, pero no es aprovechado. El problema no radica en la ausencia de potencial, sino en la forma en que se plantea su desarrollo turístico.




En el debate público persiste una tendencia a comparar a Chetumal con polos consolidados como Cancún o la Riviera Maya. Esta comparación no solo es desproporcionada en términos de inversión e infraestructura, sino que también desvía la discusión de fondo. Se trata de modelos turísticos distintos, con condiciones históricas y geográficas no equiparables.
Bajo ese enfoque, la planeación se distorsiona. En lugar de construir una estrategia propia, se intenta replicar esquemas ajenos. El resultado es una política turística fragmentada, sin identidad clara ni objetivos definidos, que limita la posibilidad de aprovechar de manera integral los recursos disponibles.
Gasto y deterioro urbano en la gestión de Yensunni Martínez
En los últimos años, el municipio de Othón P. Blanco ha registrado un incremento sostenido en su presupuesto. Entre 2024 y 2026, el gasto público municipal aumentó en más de 127 millones de pesos, de acuerdo con registros oficiales. Sin embargo, este crecimiento en términos absolutos no se ha traducido en mejoras proporcionales en la calidad de vida de la población ni en la solución de problemas estructurales.


Aunque la tendencia es positiva en términos financieros, el ritmo de crecimiento muestra una desaceleración progresiva y, más importante aún, los resultados en territorio no reflejan un impacto equivalente a ese incremento presupuestal.
Persisten deficiencias en servicios públicos, deterioro de la infraestructura urbana y rezagos en el mantenimiento de espacios comunes. Calles en mal estado, alumbrado insuficiente y abandono de áreas públicas siguen formando parte del entorno cotidiano de la ciudad. Este deterioro también se expresa en espacios emblemáticos como el bulevar Bahía y en instalaciones comunitarias sin mantenimiento.


Incluso el edificio del Ayuntamiento presenta signos visibles de desgaste, reforzando la percepción de una administración que no logra sostener sus propios espacios institucionales. En este contexto, la gestión municipal encabezada por Yensunni Martínez Hernández ha sido cuestionada por la falta de atención a problemas básicos como la basura, la seguridad, el alumbrado y presuntas irregularidades en tránsito.
Más que casos aislados, se trata de una percepción generalizada de abandono administrativo. El problema no es solo cuánto se gasta, sino cómo se ejerce el presupuesto en ausencia de mecanismos efectivos de evaluación y rendición de cuentas.
Se prioriza la imagen sobre la funcionalidad de Chetumal: Lidia Rojas
En medio del estancamiento que enfrenta Chetumal, algunas de las críticas más directas provienen desde el propio Cabildo. La décima regidora de Othón P. Blanco, Lidia Esther Rojas Fabro, ha señalado de forma reiterada la brecha entre el discurso institucional y la realidad que se vive en colonias y zonas económicas de la ciudad.

Desde su experiencia en territorio, describe un entorno marcado por el abandono y la falta de servicios. Colonias con deficiencias en infraestructura básica, zonas comerciales sin dinamismo y proyectos que no generan resultados concretos forman parte de ese diagnóstico.
Rojas también cuestiona la orientación de ciertos proyectos que, en su opinión, priorizan la imagen sobre la funcionalidad. Señala que algunas intervenciones urbanas no han logrado detonar actividad económica ni mejorar las condiciones de vida de la población.
Además, pone énfasis en la forma en que se ejerce el gasto público, al considerar que existen prioridades desalineadas con las necesidades más urgentes. Aunque mantiene una postura crítica, reconoce que la ciudad cuenta con potencial, pero advierte que su aprovechamiento depende de decisiones más consistentes y de una mayor responsabilidad en la gestión pública.
Infraestructura abandonada: deporte, identidad y olvido
El deterioro en Chetumal también alcanza espacios que en otro momento fueron centrales para la vida social y deportiva de la ciudad. Instalaciones que funcionaban como puntos de encuentro hoy reflejan abandono, falta de mantenimiento y ausencia de proyectos de rehabilitación.
El estadio de béisbol Nachan Ka’an, que en su momento albergó actividad deportiva relevante, permanece sin uso constante y con signos visibles de deterioro. Una situación similar enfrenta el estadio de fútbol José López Portillo —o ‘Jolopo’, como se le conoce popularmente—, que ha perdido protagonismo ante la falta de inversión y de programas que impulsen su reactivación.


Estos espacios no solo representan infraestructura física, sino también parte de la identidad colectiva. Su abandono implica la pérdida de lugares de convivencia y de referencias culturales que contribuían a la cohesión social.




El problema se inserta en una dinámica más amplia: obras que se construyen sin una estrategia de largo plazo para su mantenimiento y aprovechamiento. Sin planeación continua, la infraestructura se convierte en un pasivo que, lejos de generar beneficios, evidencia las limitaciones en la gestión pública.
La Chetumal imaginada
En el imaginario local, Chetumal también ha sido narrada desde una postal distinta: la de la vida tranquila, el mar cercano y la convivencia sin prisa. La canción “Al estilo Chetumal” (https://bit.ly/3QJZLMM) de José Vivas Sabido resume esa visión idealizada de la ciudad: paseos por el bulevar, visitas a Calderitas y Bacalar, tardes de clima tropical y una rutina marcada por la cercanía con la bahía.
Ese retrato cultural contrasta con la realidad actual de una ciudad que enfrenta deterioro urbano, servicios públicos deficientes y una sensación creciente de estancamiento. La distancia entre la Chetumal cantada y la Chetumal vivida se ha vuelto parte del propio debate sobre su presente y su futuro.
Estas propuestas buscan traducir el diagnóstico en acciones concretas que permitan revertir el estancamiento de Chetumal. Más que una lista de buenas intenciones, plantean líneas de intervención sobre los principales ejes del problema: la gestión municipal, el uso del presupuesto, la infraestructura abandonada, la falta de un modelo económico propio y la debilidad institucional.
1. Plan integral de servicios públicos con metas medibles
Reestructurar el sistema de servicios municipales (basura, alumbrado, bacheo y parques) con indicadores públicos de avance mensual y evaluación ciudadana.
2. Auditoría y reorientación del gasto municipal
Revisar el destino del presupuesto de Othón P. Blanco para identificar subejercicios, duplicidades y áreas con bajo impacto, priorizando mantenimiento urbano.
3. Programa de rescate de infraestructura abandonada
Rehabilitar espacios como el bulevar Bahía, parques y unidades deportivas (Nachan Ka’an y Jolopo) con un esquema de mantenimiento continuo, no solo rehabilitación aislada.
4. Estrategia económica de transición post-zona libre
Diseñar un modelo económico propio para Chetumal que no dependa exclusivamente del comercio fronterizo ni de incentivos fiscales temporales.
5. Integración real del Tren Maya y aeropuerto a la economía local
Conectar infraestructura federal con cadenas de valor locales (turismo, comercio y servicios) mediante rutas, transporte y promoción económica.
6. Plan turístico diferenciado (no comparativo con Cancún)
Desarrollar una estrategia basada en identidad propia: turismo de bahía, cultural, comunitario y de conexión con Bacalar y la zona sur.
7. Reactivación del centro comercial y proyectos fallidos
Revisar casos como Yum Kaax y el Polo de Desarrollo Económico del Bienestar para reconvertirlos o reactivarlos con inversión real y objetivos claros.
8. Fortalecimiento de contrapesos y participación ciudadana
Crear mecanismos reales de vigilancia ciudadana del gobierno municipal (observatorios, comités de obra, seguimiento presupuestal).
9. Plan de movilidad y urbanismo básico
Atender problemas estructurales de calles, drenaje, iluminación y conectividad urbana con una visión de ciudad funcional, no solo estética.
10. Estrategia de retención de talento joven
Impulsar incentivos para empleo local, emprendimiento y formación profesional para evitar la migración de jóvenes hacia otros estados.

