
En un país como México, carcomido hasta la médula por la corrupción, necesita de un verdadero cambio. Sexenios van y vienen y su eterna promesa de terminar con este cáncer ha quedado sólo en retórica, en palabrería electorera, permitiendo a lo largo de los años que el flagelo se incruste en todos lados.
Por eso es que insisto tanto la necesidad de que la mujer tome el mando y se empodere. Estoy convencida que el lado femenino es al menos un poco más cauto, más responsable, menos transa, pues.
Claro está que existen ejemplos que demuestran lo contrario, que también hay mujeres que han llegado a cargos de poder y se engolosinan, pero también hay varios estudios que muestran que las mujeres son más altruistas y cooperativas, más reacias al riesgo y menos confiadas, e implican menos corrupción si ocupan cargos de elección.
Cuando acceden a cargos de poder, sus políticas invierten más recursos en salud y educación, que han sido dos puntos torales en México que han sido abandonados, pateados, pisoteados, precisamente para privilegiar la pinche corrupción rampante.
En la actualidad, de 193 países en el mundo, sólo diez son gobernados por mujeres. Resulta curioso a estas alturas que, habiendo una población de mujeres alrededor del 49.6 por ciento, sean tan pocas sus representantes, pese a que en México, la participación de la mujer en política es mayor que la del hombre: 66 por ciento de nosotras salimos a votar mientras que ellos únicamente 58 por ciento.
Lo cierto es que en política, la paridad de género falta muchísimo camino por recorrer.
Y ya es tiempo que en el país e incluso en estados como Quintana Roo se le brinde la oportunidad a una mujer. Es hora que las féminas tomen el control de esta entidad, a fin de cambiar el rumbo en muchos aspectos en los que históricamente se ha quedado a deber.
Es evidente que la mujer tiene un sentido más social, que tiene una mucho mayor empatía con las necesidades de la gente, que busca más el acercamiento con sus gobernados, que los escucha y que trabaja más a favor de los que menos tienen, porque ese sentimiento es parte de su naturaleza.
Pero sobre todo, se debe tomar en cuenta que en la entidad existen mujeres muy valiosas, preparadas, con gran sentido político, con talento y con ganas de hacer bien las cosas, y no me refiero solamente a aquellas que hoy se encuentran en la palestra, no sólo a las que hoy ocupan un cargo de elección.
No se puede ni se debe desdeñar esta posibilidad que, por el contrario, cada vez cobra más fuerza, a tal grado en Quintana Roo que en 2022 bien podrían competir puras mujeres por la gubernatura para suceder a Carlos Joaquín.
Nombres hay muchos, dentro y fuera de la política, quienes no sólo cuentan con la aptitud sino también con la actitud y con importantes adeptos.
Llegó el tiempo de que la entidad dé un golpe de timón para permitir a la mujer tomar las riendas del estado.
Un estado que reclama cambios en la percepción al momento de ejecutar acciones a favor de la gente.

