La pandemia de COVID-19, que parece no tener fin, ha agudizado una serie de problemáticas arrastrada durante mucho tiempo, que está exacerbando el descontento de la ciudadanía, sometida a una política pública insensible, en medio de aumentos desmedidos de precios pese a la crisis económica y el desempleo, y un aumento de la inseguridad a lo largo de todo el país, que las autoridades se niegan a reconocer
JENNIFER AGUILERA
México es como una enorme olla de presión, bajo el peso de una serie de problemáticas arrastrada durante mucho tiempo y que se ha agudizado por la pandemia de coronavirus; la realidad que enfrenta hoy la ciudadanía–y que quienes nos gobiernan se niegan a reconocer– es un alza desmedida en los recibos de luz, agua, telefonía, combustibles, alimentos, una situación insostenible recrudecida por la falta de liquidez, ingresos y desempleo a la que se suma un notorio incremento en la violencia, asaltos a mano armada y crímenes del fuero común, que se traduce en un descontento generalizado que podría llevar a un estallido social a varias regiones del país.

Quintana Roo no es una excepción en medio de este oscuro panorama, pues el COVID-19 ha devenido en una crisis sanitaria, social y económica insólita que, a 115 días desde que se confirmó el primer caso en la entidad –el viernes 13 de marzo–, la ha colocado como la segunda con más desempleo a nivel nacional, sólo por debajo de la Ciudad de México, aunque con la diferencia de que la capital del país tiene una población de ocho mil 855 millones de habitantes y la entidad del Caribe mexicano un millón 700 mil, por lo que la afectación aquí es mucho mayor de acuerdo al número de la población, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En la Ciudad de México, de marzo a mayo se perdieron 174 mil 311 empleos formales, mientras que durante el mismo periodo en Quintana Roo la pérdida fue de 113 mil 398, como consecuencia del cierre de la actividad turística, que es la principal fuente de empleos; y aunque hay optimismo en la recuperación –al menos en las declaraciones–, en los representantes del sector hotelero, no hay que olvidar que apenas estamos entrando al verano, que la pandemia parece no tener fin y nos queda por delante la fragilidad estacional de otoño e invierno –el temido “septihambre”–, lo que complicará las cosas aún más, por lo que es de temerse que el desempleo y la crisis económica seguirán prolongándose.

Cabe destacar que a pesar de que el gobierno de Quintana Roo implementó un plan de acción que incluyó un convenio con empresarios para que no despidiera a sus trabajadores, apoyos con el pago de agua y luz, distribución de alimentos y una reestructuración emergente del sistema de salud, la realidad que viven miles de familias quintanarroenses es muy diferente a la que dan a conocer las autoridades, tanto desde la federación como en el estado, y para muestra algunas entrevistas realizadas por El Despertador de Quintana Roo con personas que perdieron su empleo y para quienes adquirir algún producto de la canasta básica hoy les resulta un lujo.
A la deriva
Ana es arquitecto, trabajaba en un hotel en Costa Mujeres, pero con motivo de la pandemia de la noche a la mañana los dueños decidieron cerrar el establecimiento y despedir a todos los empleados, muchos de ellos ni siquiera recibieron su pago conforme a la ley.
Ella trató de estirar lo más que pudo su dinero por tres meses, entre la renta de la casa, alimentos y pago de servicios, y dejó de pagar la colegiatura de la escuela de su hijo, a quien luego de un adeudo de dos meses lo dieron de baja. Sin más opciones y con todo el dolor de su corazón, después de ocho años de radicar en Cancún, remató sus muebles y está a punto de regresar a su tierra natal y a casa de sus padres, siente que en muy poco tiempo dio muchos pasos atrás en su vida y espera pronto salir del bache.
Además, señaló que en el fraccionamiento donde radicaba jamás pasó ninguna ayuda del gobierno municipal o estatal, a pesar de no ser privado y que varios de sus vecinos se encuentran en situaciones similares a la de ella.
Francisco llevaba casi siete años trabajando en una empresa proveedora de alimentos, helados y bebidas alcohólicas a la industria turística; al disminuir las ventas empezaron los recortes y a la gente como Francisco, con puestos directivos, buscaron diversos métodos para obligarlos a que ellos mismos renunciaran, diciéndoles que si lo hacían recibirían el pago de su finiquito de inmediato, pero si deseaban la liquidación se irían a un proceso legal muy tardado, aprovechándose la empresa de la necesidad de sus colaboradores.
Guillermo no fue despedido del hotel donde colabora como garrotero, sólo que decidieron darle “días solidarios”, vacaciones sin goce de sueldo y aunque hace unos días regresó a trabajar, al ser aún muy baja la ocupación del centro de hospedaje, debe rotar con sus compañeros una semana de trabajo por una semana de descanso, lo cual resulta sumamente difícil, al grado que no puede ni siquiera darle de comer todos los días a su familia.
Angélica es madre soltera de tres hijos, trabaja como camarista y desde el inicio de la pandemia vive una situación muy complicada, no tiene familia en ninguna parte del país que pueda apoyarla, por varios días se quedó sin un peso en la bolsa y sin nada de alimento para sus hijos.
Asimismo, ninguno de sus hijos pudo entrar a clases virtuales o enviar tareas por las redes sociales, debido a la falta de dinero para contratar datos en su móvil, a su hija de primaria y secundaria piensa que no les afectará tanto, pero su temor es que su hijo que estudia la preparatoria pueda perder el semestre.

Lorena es terapeuta en Mahahual; con motivo del coronavirus fueron cerrados los puertos a nivel mundial, afectando a los destinos de cruceros del país como Cozumel y Mahahual. Hasta ahora desconoce para cuándo regresará a sus actividades y desde hace meses carece absolutamente de ingresos, por lo que ha tenido que vender o empeñar varias de sus pertenencias de valor, para poder comer.
Renato colabora como corresponsal para un medio de comunicación a nivel nacional, el cual a veces toma en cuenta sus notas y otras no; sin embargo, él tiene que salir todos los días en busca de algo interesante para reportar y a pesar de sus esfuerzos, está ganando muy poco dinero que no le alcanza para subsistir, y aunque ha intentado buscar empleo en otro lugar se topa con que no hay tantas opciones y si antes a las personas mayores de 50 años –que es su caso– les resultaba complicado encontrar un empleo, ahora por el COVID-19 resulta misión imposible, ya que forman parte de un sector vulnerable de la población y, por ende, un riesgo para las empresas.

Camila trabajaba para un gimnasio y como entrenadora personal, con el cierre de centros para ejercitarse perdió su empleo y al prohibirse las concentraciones en parques o lugares públicos como parte de las medidas de sana distancia, tampoco puede entrenar a nadie, ella se encuentra junto con su familia en una situación difícil, ya que su esposo también perdió su empleo. A ello se suma que ellos siempre procuraron tener una alimentación saludable, lo cual resulta muy costoso, y comenta que no entiende por qué prohíben el poder realizar actividad física, si es algo que el cuerpo necesita precisamente por salud.
Economía, hecha pedazos
La pandemia dejó expuesta la fragilidad del mercado laboral y de las empresas al cerrarse tiendas, restaurantes, hoteles, parques, aeropuertos y demás actividades; a pesar de ello, no sólo aumento la propagación del virus, sino también la pobreza y la desigualdad, manifestó Guy Ryder, director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De acuerdo con el organismo, a nivel mundial sólo una de cada cinco personas tiene derecho a una prestación por desempleo, por lo cual los despidos son catastróficos para millones de familias.

Con los despidos masivos, en Quintana Roo se elevó el número de personas vendiendo en redes sociales, en especial alimentos, desde frutas, verduras, crema, granos, huevos, entre otros productos, hasta comida preparada como tacos, hamburguesas, garnachas, tortas y repostería.
Asimismo, se elevó el número de personas que ofrecen cubrebocas, guantes, sanitizantes, termómetros, hasta pruebas rápidas para detectar COVID-19, así como muebles y artículos de oficina.
Otro sector golpeado fueron los locatarios de los más de 50 tianguis que se colocan en diversos puntos de la ciudad, quienes ahora se sienten optimistas ante la reapertura y dispuestos a seguir todas las medidas sanitarias con tal de que se les permita trabajar y volver a tener flujo de dinero, dijo Melitón Ortega García, dirigente de la Unión de Tianguis y Comerciantes Ambulantes del Estado de Quintana Roo.

Ejemplificó que en el tianguis de la Región 100 se instalan alrededor de 200 comerciantes, que por el momento tienen un flujo de visitantes del 20 por ciento y todos colocaron gel antibacterial, cuentan con un túnel sanitizante, tapetes, y en los puestos donde venden alimentos la gente se puede lavar las manos con agua y jabón; pocas personas que acuden como clientes al lugar no usan cubrebocas, la gran mayoría sí lo hace.
Señaló que varios de los afiliados de la organización se quedaron por meses sin ninguna entrada de dinero, por lo que se unieron para distribuir desayunos de dos a tres veces por semana, ya que muchos de ellos nunca recibieron el apoyo de las despensas gubernamentales.
Comentó que la Unión tiene 50 tianguis repartidos en diversos puntos de la ciudad y se colocan cuatro por día, los que mejores ventas tienen son los que ofrecen productos de primera necesidad, aunque todos tienen la esperanza por lo menos de vender algo,
Dijo que lo importante es que ya están de vuelta y cumplen con todo lo solicitado por parte del gobierno, ya que no desean que se les prohíba instalarse por no haber cumplido con alguna regla de la nueva normalidad.
Los beneficiados por la pandemia
Pocos son los sectores que pueden considerarse afortunados ante la pandemia del COVID-19, que al contrario de la mayoría se han visto beneficiados y crecieron exponencialmente, tales son los casos del E-commerce, las entregas a domicilio, tecnología y farmacéuticas, por lo que Marco Bravo, director del Instituto Quintanarroense de Innovación y Tecnología (IQIT), invitó a los emprendedores, empresarios y la población en general a voltear hacia todas estas compañías que están creciendo como espuma, y vean qué es lo que están emprendiendo y les está dando resultados.

Entre las empresas que están creciendo en México y a nivel mundial se encuentran Mercado Libre, Amazon, Netflix, Zoom, Tinder, todas enfocadas en tecnologías; en biotecnología el valor de Novavax, una empresa estadounidense de desarrollo de vacunas, se disparó a mil 230 por ciento, siendo la compañía que más arrasó en crecimiento a nivel mundial.
Pandemia social
A la par de la pandemia económica sentó raíces también la social, y es que al encontrarse tantas personas sin empleo y confinada durante un largo período en sus hogares, se multiplicó la violencia intrafamiliar, los casos de depresión, problemas psicológicos y psiquiátricos, asimismo esas agresiones pasaron a las calles, con asaltos, robos a comercios y a casas habitación además de toda la violencia asociada con el crimen organizado que, esa sí, nunca se detuvo.

Además, se espera una ola de divorcios como consecuencia de la pandemia y son muchas las personas que esperan la reapertura de los juzgados para anular su matrimonio; incluso en entidades como el Estado de México los juzgados de lo familiar ya están realizando divorcios en línea, pues las parejas han decidido que lo mejor es extremar la “sana distancia”.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las razones de las rupturas de pareja son la falta de comunicación, la rutina diaria, el encierro que está afectando a la salud mental de las personas creándoles ansiedad, estrés y miedo, de aquí la recomendación de consultar con los especialistas, o bien llamar al 911 en una situación de violencia en casa.



