
Una de las prácticas recurrentes entre las mujeres de mi familia y algunas amigas, es que nos pasamos la ropa en buen estado de los hijos. Seguramente esta solidaria y necesaria costumbre está arraigada de generación en generación cuando, en medio de una familia de 8 o 10 hermanos, o más, era necesario ajustar la ropa de los más grandes para pasársela a los pequeños. Mijita pero que bonito pantalón te compró mamá, ¡no me lo compró papá, era de mi hermano y ella me lo arregló!… o, ¡ay mujer que bonito vestido el de mi princesa, ¿cuándo se lo compramos?! No papacito, ese no se lo compraste, me lo regaló la chata que ya no le quedaba a su hija… y así, miles de historias de prendas, que pasan entre las manos y vidas de familias y amigas envueltas en esta sororidad con la que nacemos y con la que vivimos y avanzamos, sabiendo ayudarnos entre nosotras, economizar en casa y gestionar los recursos.
Así como sucede en mi caso, tengo el orgullo de conocer a muchas personas que cada determinado tiempo, hacen donaciones de ropa a personas de escasos recursos o a instituciones que igualmente la reciben con gusto pues sus usuarios la necesitan. Todas estas prácticas que podamos realizar siempre ayudarán tanto a las personas como al planeta pues la industria textil es la segunda más contaminante en el mundo después del petróleo, produciendo el 10% de las emisiones de carbono y el 20% de las aguas residuales impactando gravemente ríos y océanos, pues en la fabricación de la ropa utilizan materiales como el poliéster, nailon, acrílico, lycra, spandex, elastano, poliamida, que vierten millones de micro plásticos en los ríos que llegan a los océanos, esto pasa tanto en su fabricación como a la hora de lavarlas en casa, pues las prendas con este tipo de materiales siguen tirando miles de fibras plásticas tóxicas al desagüe, pues las lavadoras no retienen en sus filtros estas partículas. Así que cuando tu hijo te diga todavía aguanta otra puesta ‘ma, ¡hazle caso!

Aunque no toda la ropa contiene estas micro partículas de plástico pues no todas están hechas con estos materiales, sí son la mayoría las que están elaboradas con fibras sintéticas como las mencionadas anteriormente, e incluso con materiales hechos de desechos de plástico reciclado como el PET. Entonces mira cómo finalmente el PET que según nosotros reciclamos, de todos modos llega a los océanos, e incluso de una peor manera porque estas micro partículas que nosotros no vemos, los animales acuáticos sí y se las comen. Todo es una espiral.
Organizaciones como Greenpeace han lanzado iniciativas para pedir a las empresas textiles que empiecen a comprometerse en limpiar su producción y eliminar las sustancias peligrosas en sus productos y procesos de producción porque además, las prendas duran cada vez menos pues se rompen o rasgan fácilmente, obligando a los consumidores a comprar más. En promedio cada mexicano usa alrededor de 300 litros de agua diariamente, pero para producir solo unos pantalones de mezclilla se necesitan unos 7 mil litros de agua, ¡solo para un par de jeans! y cada vez hay más marcas que te venden el mismo pantalón pero con diferente nombre o color. Marcas de alto precio en el mercado, queman incluso las prendas de la temporada que no se vendieron por la alta sobreproducción a la que han llegado y prefieren incinerarlas que frenar su producción o venderlas a un precio más bajo, pues dicen, esto dañaría su imagen y su prestigio, aumentando con ello la contaminación que genera su industria.
Esta moda de temporada o fast fashion hace que el tiempo de vida de la prenda sea muy corto, contaminando aún más al tirarla a la basura pues en su proceso de descomposición en los basureros emanan igualmente desechos tóxicos que contaminan el suelo. Aunque existen dos tipos de fibras textiles, las de origen natural y las de origen químico, las segundas no tienen características biodegradables pues provienen de la industria petroquímica o de transformaciones químicas de productos naturales, por lo cual su tiempo de descomposición es mayor al de las fabricadas con fibras naturales y ya vimos que los contenidos de plástico no se degradan, quedan como micro partículas en el suelo y en el agua.

Sumando a todo el consumo de energía y agua que se usa para la producción de ropa, se encuentra también el rubro de la transportación que se utiliza desde el inicio de la producción hasta la venta, viendo cómo, por ejemplo, un par de jeans viaja alrededor de 50 mil km pues el algodón crece en países cálidos pero se fabrica donde la mano de obra es barata, que son países en desarrollo como la India, y se vende sobre todo en países industrializados haciendo así grandes recorridos. Gracias a toda esta información sobre el impacto ambiental de la industria de la moda, entendemos por qué es la segunda más contaminante del mundo.
Afortunadamente en la actualidad podemos tener mucha información de cómo mejorar nuestra vida y la del planeta, de cómo darle una segunda vida a nuestras pertenencias y poder así, dejar de contaminar tanto al fabricar y consumir tantos productos. En Cancún existe una asociación llamada ‘Recicla tu ropa’ que se dedica a recolectar todo el textil, como ropa, uniformes de las empresas, toallas, sábanas, cortinas, que ya no usamos en nuestra casa, hoteles, empresas, para reciclar todo el que se pueda y lo que aún se encuentre en buen estado lo donan a comunidades de escasos recursos. Esta es una iniciativa que la sociedad ha aplaudido y abrazado pues hace algo bueno por el planeta con acciones concretas para que todo este textil no llegue a los basureros y además ayudan a personas de escasos recursos.
Siguiendo este sistema de aprovechamiento de recursos de las tres R –Reducir (la compra de productos nuevos), Reciclar (donar o reciclar los textiles para convertirlos en trapos o mantas, etc.) y Reusar–, encontramos nuevas opciones para crear moda sostenible como la técnica de ‘upcycling’ que se trata de reusar la ropa que ya tienes, es decir, tanto personas como empresas de la moda están adquiriendo esta buena práctica de customizar o personalizar prendas de temporadas anteriores para no tirarlas o quemarlas, y en casa es como abrir tu closet, tomar tus tijeras y crear tus propias prendas ‘nuevas’ a partir de tu ropa ya existente, mezclándolas, tejiéndolas o cosiéndolas, creando nuevos diseños. Éste es sólo un ejemplo de prácticas que nos ayudan a ser una sociedad sostenible, llevando una economía circular, que se basa en el principio de la naturaleza donde nada se desperdicia y todo se reutiliza pues los residuos se convierten en recursos.
Se estima que el 5% de los desperdicios en los basureros son textiles y el 90% de estos son reciclables, pero desgraciadamente el 85% de los desperdicios textiles van a dar a los basureros. Pero como todos necesitamos ropa, solo nos queda comprender que no necesitamos tanta y que si podemos donarla, reusarla o reciclarla estaremos ayudándole a nuestro planeta y a nuestra economía.
En mis años de juventud pertenecí a Rotaract de Rotary International, vivencia que me dejó marcada para siempre, pues una de las muchas actividades que hacíamos era ir a los basureros o a comunidades de escasos recursos a llevarles juguetes, comida y ropa a las personas que viven ahí. Cada que puedo lo sigo haciendo, pues estos momentos, sonrisas, lágrimas y abrazos son experiencias que te enseñan que somos tan diminutos y efímeros que una marca, una ropa más o una pertenencia menos no te hace ni más ni menos que nadie.

