29 mayo, 2026

Inicio de clases en pandemia | #NoHayPLANetaB

LIZETTE AGUIRRE MORLET

Apoyemos a nuestros niños y jóvenes. Son el presente y el futuro con todo y crisis sociales, económicas, sanitarias y climáticas.

En todo el país hoy regresamos a clases, virtuales, pero regresamos. Inicia el nuevo ciclo escolar en medio de la incertidumbre y la crisis económica, social y de salud que trajo la pandemia del coronavirus y en medio de todos los pros y los contras que podamos encontrar.

Sabemos que no todos los niños tienen las mismas oportunidades de seguir las clases en línea o por televisión y que aunque la Secretaría de Educación está tratando de sacar adelante este ciclo escolar, muchos papás han desertado y preferido no escolarizar a sus hijos hasta que esto se normalice.

Para todos ha sido un reto superar las muchas dificultades que nos vino a poner en nuestras vidas esta pandemia. Muchos desgraciadamente han perdido su empleo y han tenido que movilizarse por no poder pagar la renta y han tenido que regresarse a sus pueblos o vivir en las calles por la crisis económica. Muchos otros tuvieron que cerrar sus negocios y otros tantos tuvieron que sacar a sus hijos de los colegios privados para inscribirlos a la educación pública y otros tantos optaron por el home school.

Y a pesar de los cambios que los adultos han tenido que hacer para sobrevivir a esta crisis, los niños y jóvenes se han adaptado estoicamente a estos cambios y a las decisiones tomadas por sus padres. Asustados preguntan si todos nos vamos a morir, o si este virus ya pasó, o si con la vacuna ya podremos todos salir, o si ya hay una cura para podernos abrazar todos otra vez. Y con todo ello viven con alegría a pesar de extrañar a sus amigos y se esfuerzan aunque los cambios también les afecten.

El 12 de agosto fue el Día Internacional de la juventud, declarado en 1999 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, y con esta celebración se busca “promover el papel de la juventud como socia esencial en los procesos de cambio y generar un espacio para generar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que estos se enfrentan.”

Así es como debemos ver a nuestros niños y jóvenes, como generadores de cambios, aprender de ellos y enseñarles a ver en toda crisis una oportunidad de aprendizaje, adaptación y crecimiento. Si bien es cierto que el impacto del Covid-19 en la educación podría afectar el potencial humano, también es un momento definitivo para todos los estudiantes del mundo.

Nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas” advierte António Guterrez, Secretario General de las Naciones Unidas.

El cierre de escuelas debido a la pandemia ha afectado a cerca de 1,600 millones de estudiantes de todas las edades de todo el mundo con repercusiones inmediatas y de largo plazo. Y advirtió también que “las decisiones que tomen los gobiernos y los asociados ahora, tendrán un efecto duradero en cientos de millones de jóvenes, así como en las perspectivas de desarrollo de los países durante decenios.”

¿Qué nos corresponde hacer entonces? Casi siempre nos quejamos del gobierno y sus malas decisiones, bueno pues ahora la decisión está en nuestras manos. Apoyar a nuestros hijos con sus estudios o seguirnos quejando y dejarle la responsabilidad al gobierno y sus clases por televisión.

Actualmente hay muchas herramientas que como padres podemos utilizar para apoyarnos y sacar adelante la educación de nuestros hijos. Si, sabemos que muchas madres de familia trabajan y están a tope con los deberes del hogar, el trabajo y encima, las clases de los niños, pero en tiempos de crisis debemos sacar la casta como diría mi madre.

Ya llegará el día en que esto pase y puedan regresar los niños a la escuela, pero mientras hagamos el esfuerzo con ellos para no afectar ya más su futuro, que mira que les tocará duro. Muchos jóvenes nos han demostrado ser constructores de paz y cohesión social, alentemos desde ahora el potencial de nuestros hijos, sí con nuestro esfuerzo, sí con nuestro cansancio, sí con nuestras horas extras de trabajo y dedicación.

Es lo que hay, es lo que corresponde, esforzarnos codo a codo con nuestros hijos y parejas para aprovechar la oportunidad en la crisis. Tomemos las pocas o muchas herramientas que el gobierno, asociaciones y escuelas están dando a los padres y maestros para la enseñanza en casa, no nos quedemos en la queja o en el ahogo. Sabemos que la emergencia sanitaria ha exacerbado las desigualdades que ya existían en la educación o en la vida diaria y que millones de estudiantes podrían abandonar las clases a causa del impacto económico, por ello pongamos nuestro granito de arena, para evitar que esta crisis de aprendizaje que ya existía, se convierta en desastre irreparable. Hagámoslo por estas generaciones que forjaran el futuro del mundo.

Ojala sí, los gobiernos reaccionen de manera positiva también, ante tal crisis en la educación y destinen todo el presupuesto necesario para reparar daños sobre todo en los sectores del país más vulnerables, comunidades que no cuentan con servicio de internet ni de televisión, desplazados y niños que no podrán tomar clases pues sus padres trabajan y no pueden ayudarles. Ojala sí, cada uno de nosotros hagamos lo que debamos hacer.

Situación difícil la que enfrenta el mundo, ojalá logremos forjar a nuestros hijos pero en lo fácil, pero en las crisis. Hace poco leía una noticia que decía que una economía libre de carbono podría aliviar el desempleo y generar 15 millones de nuevos empleos en América Latina y El Caribe para 2030 según la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Interamericano de Desarrollo, y ¿saben quiénes están y podrían hacer esa transición a cero emisiones para corregir los efectos naturales, económicos, sociales y sanitarios adversos de la crisis mundial y el cambio climático? Los jóvenes. Esta generación de la que decimos no hacen nada y todo les afecta. Estas generaciones que se enfrentarán a los efectos climáticos de las decisiones que nuestra generación y generaciones pasadas, tomaron como consumidores. Estos niños que están aprendiendo de primera mano la devastación que una crisis puede traer y lo importante que es ser constructores y participantes activos en la vida social, económica y climática de su país y del mundo.

No los dejemos sin escuela, en casa, en línea, abierta o como sea, no los privemos de su derecho al conocimiento y apoyémoslos aunque esto nos implique un mayor esfuerzo por el momento. Son nuestros hijos y es su futuro y el nuestro.

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