29 mayo, 2026

La voz del pueblo… – Así nos vemos

Edgar Prz

Serían las 6 y cuarto de la mañana del martes 10 de marzo cuando Eligio se despertó en su casita de Dziuché. Se colocó su maltrecha prótesis de su pierna izquierda, se levantó de su hamaca y caminaba con dificultad. Era mayor su anhelo, su ilusión, que el dolor; estaba motivado por hablar con Mara Lezama, la gobernadora del estado. Con su esposa Eva tomaron una combi que los llevaría a Xpichil, lugar de la audiencia pública “La Voz del Pueblo”.

Xpichil es una población pequeña. La gente vive del campo; en los últimos años, las mujeres se organizaron y armaron grupos, cooperativas de bordadoras que le han dado lustre y fama a esta comunidad.

Sus trabajos elaborados a mano han sido objeto de varios premios por su diseño, sus colores, su elaboración, su confección y la belleza de las prendas que conjugan los elementos milenarios de la tradición maya (bordados).

Pasadas las 9 de la mañana, el domo —lugar donde sería la audiencia— estaba a reventar. La entrada al pueblo fue secuestrada por un sinfín de vehículos que invadían todas las calles cercanas. Gente de varias comunidades se acercaba a las diferentes mesas de todas las dependencias del gobierno federal, estatal y municipal. Además, estaba también la Caravana de la Salud con todos los servicios que oferta. Una verdadera romería se vivía para entonces en Xpichil.

El gobierno estaba cumpliendo una de sus funciones principales: atender a la población y acercarles los servicios a sus comunidades. Mujer se escribe con M de Mara y de Mary; ambas estaban dedicadas a escuchar a la gente, las atendían, les resolvían, daban indicaciones para una pronta respuesta. Lo mismo entregaban sillas de ruedas que máquinas de coser. El propósito es apoyar a los grupos organizados, incentivarlos a que se vuelvan emprendedores y eso les permita mejorar su economía.

La audiencia tenía varios escenarios adaptados exprofeso; lo mismo era para una sola persona que para un grupo. Los diferentes secretarios estaban prestos a acudir al llamado de la gobernadora. Uno de los más requeridos fue Flavio Carlos Rosado, secretario de Salud; parecía maratonista, corría de un lado para otro. Cristina Torres, fiel a su estilo, sin protagonismo, atendía sin protocolo a la gente; su secretaría es la que más dependencias aglutina y todos estaban listos, amables, sonrientes, como debe ser la actitud de un buen burócrata. Se dejaron ver el buen Tomás Medina, titular de la Beneficencia Pública; Aníbal Montalvo, director del Conalep; Ricardo López, del Catastro; Roberto Arjona, de la Sedarpe; Eder Enrique Chuc, del Inmaya, entre otros.

Estaban también Milton Martínez, de la Recaudadora de Rentas; Andrés Bayona, del Inmoveqroo; Víctor Ángulo, de CAPA; Hugo Flores, secretario del Ayuntamiento; algunos regidores más perdidos que “Mirinda”. De lo más rescatable fue la interacción entre pueblo y autoridad: el diálogo real, de frente, sin intermediarios. La gente acudió en busca de respuestas, de apoyo, de agilización de trámites, todo lo que le permite al pueblo andar con tranquilidad.

Lo criticable: exceso de ayudantía. Muchos generales y poca tropa; todos daban órdenes y se colapsaban, chocaban entre ellos. Daban una indicación y el que seguía daba otra; eso confundía a la gente que previamente se había registrado. Sería prudente seleccionarlos y darles tareas específicas. Parecían querer agradar a la autoridad y en esa misión causaban molestias.

Es interesante cuánta gente puede ser tocada con una audiencia, cuánta gente aprovecha esa oportunidad para que vean que existen, que también trabajan para lo mismo: para que siga creciendo el estado y el municipio. Por supuesto que no faltaron los chicos del gym y las vedettes, aquellas perfumadas que desde lejos observaban; no se acercaron al grupo. El olor a sudor les podía maltratar sus fosas nasales; veían todo con indiferencia y sorbían poco a poco agua Bonafont de su yeti, no vaya a ser que el agua del pueblo les cause alguna manifestación intestinal. Imagínese esa postal cuando estén corriendo…

Mara y Mary acudieron a trabajar, a dejar constancia de su compromiso social, a resolver algunos temas e iniciar trabajos con otros. Ojalá que este dinamismo contagie a los demás funcionarios. Sería saludable que los titulares de las dependencias más requeridas retornen y den una audiencia con su tema para atender y resolver los casos de sus dependencias. Se ven bonitos en las fotos de apertura, pero se les reconocería más si a ello le agregaran trabajo y voluntad de cumplir con sus responsabilidades. Mara no los necesita como compañía; para eso tiene al pueblo, ¿no lo cree usted?

Después de las 3 de la tarde, Eligio regresó a su pueblo; llevaba una prótesis nueva. Ello no solo le cambió la vida, sino que le devolvió la sonrisa…

Con voluntad todo se puede…

Mejor seguiré caminando y cantando: “Vengo al pie de tu ventana, pa’ que sepas que te quiero. Tú a mí no me quieres nada, pero yo por ti me muero”…

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