18 abril, 2026

Los Murales de San Bartolo – Segunda Parte – La Covacha del Aj Men

El Jugador de Pelota

Claudio Obregón Clairin

La ciudad maya de San Bartolo, Guatemala, se ubica en la selva del Petén, próxima a la frontera con México. El arqueólogo William Saturno, ubicó ahí unos murales mayas que datan del año 100 a.n.e. Narran la ascensión al poder de un dignatario acompañado de escenas de la Creación Maya y de algunos pasajes del mito de la vida y de la muerte de la entidad divina del maíz. 

En la primera entrega platicamos sobre la adoración al maíz, de las ofrendas de agua y de los primeros tamales de la cosecha que se le ofrecen a esta entidad divina. Reconocimos tradiciones milenarias que siguen vigentes en los rituales de los mayas contemporáneos. Hoy platicaremos del Jugador de Pelota ubicado justamente a un costado de la Montaña de la Creación, lugar sagrado del que surgieron y nacieron los seres y las cosas.

En el lado derecho de este fragmento del Mural Norte, aparece un personaje de pie, pintado con una máscara que es coronada por un exuberante tocado en el que aparece una serpiente emplumada surgiendo de un “Hol” o Portal. Es una “serpiente emplumada” lo cual nos remite al imaginario teotihuacano, aunque tengamos en consideración que, según los reportes arqueológicos, cuando fueron pintados estos murales, Teotihuacan se encontraba aún en formación. Observemos que la serpiente con plumaje es una imagen panamericana.

Jugador de pelota, San Bartolo

La serpiente emplumada que vemos no es el único detalle teotihuacano en este mural, el personaje sostiene en su mano izquierda un bastón de Juego de Pelota semejante al que blanden los jugadores de Tepantitla en Teotihuacan.

Jugadores de pelota, Tepantitla

La relación de los teotihuacanos con los mayas no inició el 14 de enero de 378 cuando el general teotihuacano Siyak K’ahk’ conquistó Tikal, los orígenes de ambas culturas son sincrónicos y mantuvieron intercambios culturales y comerciales como lo revelan tanto la presencia de jade en la ofrenda fundacional de la llamada Pirámide del Sol, en Teotihuacan, como en los Murales de San Bartolo, por mencionar algunos ejemplos.

El Jugador de Pelota Maya con influencia teotihuacana porta en sus hombros el plumaje del Pájaro Muan, un ave nocturna que se distingue por aparecer en el sombrero el llamado Dios L o Entidad Divina Bolom Ok Té quien habitaba en el inframundo y presidía el inicio de los ciclos, así como las ascensiones al trono de los soberanos mayas. 

Todos estos atributos nos hablan de un personaje empoderado pero desconocemos su identidad… en aquellos soles, iniciaba el culto a la personalidad y en estos murales aparecen incipientes glifos pero curiosamente, como veremos en futuras entregas, las primeras palabras escritas nombraron a los objetos mas no a los sujetos, de tal suerte que carecemos de los nombres de los personajes que actúan entre el ámbito divino y el humano pero reconocemos que nombraron al copal (incienso maya) con el apelativo “pom”.

El Juego de Pelota se desarrolló en el inframundo, el Jugador de Pelota se ubica en ese espacio creador de vida. En su muslo izquierdo aparece el símbolo “U” que es de origen olmeca y significa precioso. De su vientre surge una energía vital llamada Ch’ulel lo cual nos remite al ámbito chamánico y este flujo rojo culmina formando un glifo K’ahk’ que se traduce relacionándolo con el aliento, con el calor y con el fuego…

La presencia de iconografías olmecas y teotihucanas en la vestimenta de un maya pintado hacia el año 100 antes de la era común, confirman que las culturas autóctonas de México estuvieron interconectadas mitológicamente. Pudiéramos dejar de estudiarlas como escaques de un tablero inconexo ya que fueron civilizaciones hermanadas en la mitología y, en ocasiones, también estuvieron confrontadas bélicamente por la tenencia de los recursos naturales y el dominio de las rutas comerciales del Petén a El Altiplano.

Frente al Jugador de Pelota, surgen cuatro individuos del fruto seco de la Lagenaria siceraria, conocida en el Continente Americano como guaje, bule o porongo. Los investigadores Deena S. Decker-Walters, Mary Wilkins-Ellert, Sang Min Chung y Jack E. Staub de la Universidad de Wisconsin y del Vegetable Crops Research Unit, Department of Horticulture, publicaron en Economic Botany 58 (1) los resultados de los estudios que realizaron en Zimbabwe a 5 variedades salvajes de Lagenaria siceraria y concluyeron que la evidencia científica determina que el guaje o bule: es africano (2). 

Partiendo de este dato científico nos encontramos con el enigma de la llegada de la Lagenaria siceraria al Continente Americano ya que para germinar precisa de tierra rica en nutrientes y no puede crecer a la orilla de la playa por lo que se descarta su arribo fortuito por el Atlántico. Definitivamente fue transportado por los seres humanos, pero ¿cuándo y por dónde?

No hay evidencia arqueológica boreal de que hubiese llegado por el Estrecho de Behring, transportado por los cazadores paleolíticos, su función principal es la de contener líquidos para el consumo humano y, en el glaciar, no hay carencia de agua, basta calentar un poco de nieve para obtenerla. Siendo una planta tropical no tiene sentido transportar sus semillas por los glaciares.

Durante el periodo Paleolítico, el nivel de los océanos estuvo al menos 100 metros por debajo de la actualidad; entre África y América hay una cadena montañosa sumergida que nombramos Dorsal Mesoatlántica y con el nivel más bajo del Atlántico eventualmente pudieron emerger islas por las cuales los navegantes africanos paleolíticos pudieran llegar a América, pero el estudio genético de los primeros americanos indica una gran diversidad genética pero es muy escasa la variable genética del haplogrupo africano L. Por lo que es improbable que la Lagenaria siceraria llegara por África. Es más probable que partiendo de África, el Bule se distribuyó hasta Oceanía y Asia. Hay registro de su presencia hace 10,000 años en China, se le nombra Hulú, se utilizó como instrumento musical y en la medicina tradicional (3). 

Es probable entonces que hubiese sido transportado a América desde Oceanía o Asia cuando los océanos fueron “marepistas” por las que llegaron los primeros individuos a América y más precisamente a Suramérica. Los sitios de Monte Verde, Chile, y Pedra Furada en Brasil, reportan respectivamente la presencia humana hacia el 17.000 y 30.000 antes de nuestra era común, son dataciones anteriores a los 12.000 años del Estrecho de Behring. Este escenario pudiera auxiliarnos para comprender la presencia ancestral en América de la Lagenaria siceraria

El Guaje o Bule se utiliza en Argentina para beber mate, y en México para guardar agua o pulque. Es una planta difundida desde tiempos sin memoria pétrea y como reminiscencia de los valores de un pasado paleolítico, aparece en el pasaje de la creación en los murales de San Bartolo. Notemos que el guaje suplanta al útero de la mujer y en un parto quíntuple aparecen 5 personajes ensangrentados con cordones umbilicales, pero poseyendo rostros de adultos, están desnudos y se distinguen por sus diferentes peinados. Abajo a la derecha, uno de ellos toca la espinillera del Jugador de Pelota, hace contacto con él para tornar tangible el sustento mitológico que dio sustento al poder en el Mundo Maya.

Al contrario de los mitos de la Creación de otras culturas originales, en el Mundo Maya, la sexualidad no es explícita y no hubo un coito primordial (Sumeria), ni masturbaciones (Egipto y Quetzalcoatl). En estos murales mayas de La Creación, la mujer fue suplantada por un guaje… ¿por qué? 

Pudiéramos explorar que, por configurar una sociedad agrícola-machista, los mayas históricos decidieron enaltecer la figura de la entidad andrógina del maíz de la cual, los gobernantes mayas se creían hijos. Quizá por ello, el Jugador de Pelota de los Murales de San Bartolo sostiene a la representación del maíz en su mano izquierda.

1.- https://www.researchgate.net/profile/Juan-Zalapa/publication/292766069_Cucurbits_Cucurbitaceae_Cucumis_spp_Cucurbita_spp_Citrullus_spp/links/5b7740c84585151fd11cbfa6/Cucurbits-Cucurbitaceae-Cucumis-spp-Cucurbita-spp-Citrullus-spp.pdf

2.- https://www.jstor.org/stable/4256864

3.- https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-94-007-1764-0_44

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