18 abril, 2026

EL TEMA DE HOY

NIÑOS A CARGO DE LAS NIÑERAS

Dra. en Psic. Laura Álvarez Alvarado

Especialmente en las edades tempranas, el tiempo con los niños es oro. Es decir, al momento de generar con ellos lazos afectivos, conocimiento mutuo, apego, relación personal, autoridad, entre otros aspectos, ese tiempo adquiere un valor incalculable.

De allí la importancia de no olvidar un principio básico de la educación: necesitas invertir tu presencia, tu tiempo; olvidarte un poco de ti mismo para dedicarte a los demás. Establecer vínculos afectivos solo será posible si estás allí.

Sin embargo, hay madres y padres que no ejercen directamente la crianza de sus hijos y, en cambio, delegan esta responsabilidad en otra persona, buscando en cierto modo a alguien que los sustituya.

Los niños y niñas tienen padres, pero en la práctica son las niñeras quienes los cuidan las veinticuatro horas del día. En muchos casos, ellas los llevan al colegio, les preparan la comida, los bañan, los acompañan a las fiestas, les cuentan cuentos antes de dormir, juegan y cantan con ellos, los consuelan si tienen miedo a la oscuridad, etcétera. ¿Qué está ocurriendo? Simplemente, que las niñeras pasan más tiempo con los niños y, por tanto, tienen más oportunidades de compartir confidencias y conocerlos mejor.

En muchos hogares, se observa cierto desapego de los padres hacia sus hijos, y estos terminan sustituyendo el afecto paterno por el de sus nanas. Incluso para llevarlos al médico, algo que debería ser básico para los padres, muchas veces también lo hacen las niñeras, por lo que el pediatra termina explicándoles el tratamiento a ellas.

En ocasiones, las madres que contratan nanas o empleadas domésticas que también fungen como cuidadoras no lo hacen necesariamente por necesidad laboral, sino por comodidad o estatus.

Consecuencias

¿Es este desapego de los padres tan negativo? Sí, lo es, pues puede generar confusión afectiva en los menores.

Las madres y los padres no están con sus hijos el tiempo suficiente para establecer una relación afectiva intensa, como sí sucede con las niñeras. El problema es que las nanas, aunque generan vínculos afectivos profundos, son empleadas y, con el tiempo, se irán. Cuando eso ocurra, los niños ya habrán creado lazos muy estrechos, y esa separación les generará una pérdida emocional o incluso un duelo.

Ese vínculo fuerte también puede provocar en los niños una imitación de costumbres, valores y formas de ser que no siempre son los más adecuados. Además, algunas niñeras permiten libertades desmedidas: ver televisión antes de hacer la tarea, vestirlos sin fomentar su autonomía, o prepararles comida distinta cuando no les gusta la que hay en casa, entre otros comportamientos poco formativos.

Pero, ¿quién podría culparlas? Al final, es importante reconocer que muchas de ellas no son institutrices y que ya tienen una carga importante solo con el cuidado diario de los niños.

También hay que subrayar que, cuanto más tiempo pasan los niños lejos de sus padres, más propensos son a mostrar conductas agresivas, desobediencia y mal comportamiento. Aunque el efecto puede parecer leve, es irrefutable.

Los niños necesitan tiempo afectivo de calidad. “Se puede delegar en las nanas algunas cuestiones de higiene y alimentación, pero los hijos necesitan tiempo de vinculación con sus padres”. La responsabilidad de educar recae en los padres; las niñeras son solo un apoyo.

Pasa tiempo con tus hijos

Los estudios han encontrado que los niños mayores con padres participativos tienden a mostrar menos síntomas de depresión y problemas conductuales, así como tasas más bajas de embarazo en la adolescencia. En el caso de los más pequeños, los padres también influyen positivamente en el desarrollo del lenguaje y la salud mental.

Por ejemplo, se ha demostrado que los padres suelen utilizar más palabras al hablar con sus bebés e hijos en edad preescolar. Además, suelen animarlos a explorar y arriesgarse, mientras que las madres tienden a ofrecer estabilidad y seguridad. Ambas funciones son necesarias y complementarias.

Pregunta a tus hijos qué les gustaría hacer contigo. No esperes siempre que te lo digan ni trates de adivinar qué les parece divertido. Pregúntales directamente qué les gustaría hacer si pudieran pasar dos horas ininterrumpidas contigo. Sus respuestas podrían sorprenderte.

Escucha todo lo que te dicen; pon atención a sus palabras y también a su comunicación no verbal. A veces, sus gestos y movimientos dicen más que sus palabras. Aprovecha esos momentos para contarles también cómo fue tu día, qué hiciste, cómo te sentiste. Ábrete a tus hijos para que ellos también se abran contigo.

Procura pasar tiempo a solas con cada uno de ellos. Nada fortalece tanto su autoestima y sensación de cercanía como el tiempo exclusivo contigo. Esto también les brinda confianza y seguridad en sí mismos, favoreciendo una mayor madurez emocional.

Dedica al menos media hora diaria a cada uno de tus hijos. Comparte, juega, conversa. No es necesario que sea una salida especial; si tienes poco tiempo, convierte las actividades cotidianas en “momentos compartidos”: preparar la cena, recoger juguetes, bañar a los más pequeños, hacer juntos las compras o pasear al perro. Seguro que hay muchas tareas en las que tu hijo puede participar.

Cuando no tienen que compartir tu atención con sus hermanos, probablemente conocerás facetas de su personalidad que no emergen cuando están todos juntos. Esa intimidad fortalece el vínculo y los hace sentir más felices.

Además, mientras juegas con ellos, tus hijos se desarrollan y tú te relajas. Esos momentos son oportunidades para decirles cuánto los amas y reforzar su sentido de pertenencia.

Involúcralos en tu vida profesional y social. No se trata de compartir todo, pero si los llevas de vez en cuando a tu oficina o a tomar un café con tus amistades, conocerán otras facetas tuyas. Les resultará más fácil aceptar que debes trabajar o salir si te ven desenvolviéndote en esos contextos. Explícales que es como cuando ellos van a la escuela.

Recuerda que todo es transitorio. Si atraviesas una etapa con más trabajo o una agenda muy cargada, no olvides que no será para siempre. Habla con tus hijos con frecuencia, transmíteles tu amor y tu apoyo. Si se sienten queridos y comprendidos, cualquier momento que pasen contigo será significativo y disfrutado.

Apelando al corazón de madres y padres, cabe decir: “Pasa más tiempo con tu hijo o hija, y reduce la dependencia de la niñera”.

Las consecuencias del desapego pueden ser muy negativas a largo plazo. Para quienes cuentan con niñeras, lo mejor es balancear el tiempo que tus hijos pasan contigo y el que pasan con ellas.

Nadie puede sustituirte como padre o madre. Lo que no se logre en los primeros años, difícilmente se logrará a los 12, 13 o 14 años.

Estimado lector, si desea que la Dra. en Psic. Laura Álvarez Alvarado toque algún tema en especial o consultarla, favor de comunicarse a:

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