Inosente Alcudia Sánchez
Los hechos.
La oposición a la reforma energética del presidente López Obrador otorgó a Alito una notoriedad nacional. Su doble papel, diputado federal y presidente nacional del PRI, le permitió asumir un protagonismo al interior del Congreso que no pasó desapercibido para los medios de comunicación y lo colocó como el líder más destacado de la alianza Va por México conformada, además del PRI, por el PAN y el PRD. Su discurso contestatario, acompañado de una buena carga histriónica y escenográfica, permitieron a Moreno Cárdenas ganarse el título de principal líder opositor en el país. En paralelo, la difusión de audios y la persecución judicial desde Campeche, fueron explicadas como parte de la ofensiva gubernamental para intentar “doblar” al dirigente priista y, en respuesta, Alito recibió la solidaridad y el arropamiento político de las dirigencias nacionales del PAN y del PRD, sus aparentes incondicionales aliados. Precisamente, en respuesta al acoso de que era objeto Moreno Cárdenas y para contener una mayor regresión autoritaria, la Alianza Va por México firmó la “moratoria constitucional”: un acuerdo para que sus legisladores no apoyen ninguna iniciativa de reforma a la Constitución que provenga del gobierno federal y favorezca la militarización del país o que socave a las instituciones electorales. Es sabido que, en el marco de este acuerdo, hace unos días, los diputados “aliancistas” votaron contra las modificaciones de leyes que asignan la operación y administración de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional.
En esas estábamos cuando nos enteramos que una legisladora priista había tenido una epifanía: fruto de una inesperada inspiración legislativa, se le ocurrió que prolongar cuatro años las tareas de seguridad pública encargadas a los militares era la medida providencial para combatir la militarización y, mejor aún, para corregir los resultados negativos de la incompetente militarización del gobierno de Morena. Ávidos de soluciones milagrosas, la bancada priista y su dirigencia nacional en pleno, avalaron la presentación de esta iniciativa con la que pretenden ampliar cuatro años la presencia de los militares en las calles, adicionales a los cinco que se aprobaron en 2019. Combatir la militarización con más militarización, va en contrario de la máxima morenista de que “no se puede apagar el fuego con más fuego”. Además, aunque la iniciativa sea un portento de virtuosismo, quedan al aire algunas preguntas. Van tres: ¿por qué presentar desde ahora una propuesta que, en todo caso, surtiría efecto hasta dentro de dos años? ¿Por qué querer imponer desde ahora la política de militarización al próximo gobierno? ¿Por qué arriesgar tanto en una fallida reforma constitucional que será rechazada por la oposición en el Senado? Comparto una conclusión del experto Alejandro Hope: “La iniciativa es una vacilada, construida en media hora. No hicieron ni el intento de esconder que esto es un instrumento para un arreglo político. Y tal vez para eso sea útil, pero no tiene nada que ver con seguridad pública.” Pocos se han ocupado, empero, del papel que ha desempeñado Rubén Moreira en este affaire.
Algunas de las especulaciones.
Ante un gobernante dispuesto a emplear todo el aparato del Estado para someter a sus adversarios, se necesitan más que carácter y discursos estridentes para enfrentarlo. Meterse con Sansón a las patadas, se dice por estos rumbos. No era un héroe con pies de barro, simplemente no comprendió que cambiaron los modos de hacer política. Alito intentó jugar a las vencidas y quizás sabiendo que sus posibilidades de salir avante eran mínimas, apretó a fondo cuando encabezó la oposición a la reforma energética: a partir de ahí, denunció las amenazas de que había sido objeto y exhibió el audio en el que su amigo lo prevenía, consiguió el cobijo de los dirigentes aliados a pesar del costo mediático de los audios divulgados desde Campeche y blandieron una “moratoria constitucional” como respuesta a la embestida judicial que se avecinaba sobre el líder priista. El gobierno apretó: acusación de enriquecimiento ilícito, solicitud de desafuero e inminente prisión preventiva oficiosa.
Los negociadores de Palacio se fueron a fondo contra un adversario que había agotado sus armas. Con la persecución judicial golpeándole las puertas, encontraron a Alito indefenso. Así, forzaron que fuera la bancada priista quien propusiera la iniciativa de reforma para ampliar cuatro años más, del 2024 al 2028, la presencia en las calles de las fuerzas armadas cumpliendo tareas de seguridad pública. Y el presidente, además, dio un golpe contundente en la construcción del triunfo de su candidato en el 2024: ha puesto en dudas la posible coalición electoral de la oposición. A Alito no le pidieron inmolarse en la hoguera de la defensa de la patria (lo que dijo ya había firmado). Le solicitaron algo menos heroico: atender a los intereses de la cuarta transformación. Y, para confirmar la tesis de los oscuros arreglos de Alito, la gobernadora de Campeche anuncia que no difundirá más audios.
Las consecuencias.
Las dirigencias nacionales del PAN y del PRD suspendieron “temporalmente” su alianza con el PRI. Va por México, la coalición opositora sustentada en una plataforma electoral aceptada por los tres partidos, en un acuerdo legislativo para unificar el voto de sus legisladores y en la búsqueda de mecanismos para presentar candidatos comunes en las elecciones del Estado de México, de Coahuila y a la presidencia de la República, se tambalea. La iniciativa de ley priista ha inoculado el virus de la desconfianza y de la división al bloque opositor y entre los propios priistas. Muy pocos –por no decir que nadie- dieron crédito a los argumentos con que Alito intenta justificar esta reforma constitucional. En redes sociales y en la opinión pública nacional su desaprobación aumenta de manera exponencial y ha provocado la indignación de tirios y troyanos. Alito ha apostado todo su capital político en esta jugada. No tengo duda de que el golpe mediático será fuerte y, quizás, los daños alcancen al partido. Habrá que ver si, en los próximos días, el líder del PRI logra reconstruir la alianza Va por México y, sobre todo, reinventarse como político confiable. En todo caso, sin importar las motivaciones de Moreno Cárdenas, en Palacio Nacional hay festejo.


