18 abril, 2026

¿Y los indígenas, cuándo…? – Así nos vemos 

Edgar Prz 

El pasado 19 de abril se conmemoró un año más de la celebración del Día Panamericano del Indio. Fue en Pátzcuaro, Michoacán, en 1940, que se tomó esa importante decisión que refleja la preocupación para el rescate de los valores, las tradiciones, la cultura y la historia de los pueblos indígenas, ahora llamados “ originarios”, quienes integraron un bloque que les permitiría perseguir objetivos comunes durante el Primer Congreso Indigenista Interamericano, que reunió a los liderazgos de varios países de América Latina y el Caribe.

La celebración busca la coincidencia de objetivos comunes para reconocer y valorar la importancia de las culturas indígenas, promover la igualdad y la justicia. 

Es justo reconocer que los pueblos originarios existían mucho antes de la llegada de los españoles, aquí vivían y mantenían un equilibrio armónico con la naturaleza, le tenían respeto a la Pachamama. Eran complementarios, no enemigos, lograron encontrar y descubrir los atributos de las plantas medicinales, el uso de los animales, las riquezas de los ríos, cenotes y ojos de agua, conocían de alimentos, frutos, de la riqueza selvática y así pasaron miles de años.

El término ‘descubrimiento’ está mal empleado, ya que los españoles, franceses, más bien europeos, cuando arribaron a estas tierras ya estaban pobladas, había tradiciones, cultura, historia, que en muchos países fue de inmediato relegada, olvidada e impusieron sus costumbres para respaldar sus intereses. Recordemos las cruentas batallas entre indígenas e invasores, los primeros para defender su territorio, los segundos para iniciar con el despiadado saqueo.

Con todo lo que los países europeos robaron, con eso financiaron parte de su desarrollo y dejaron a nuestro continente sumido en la miseria. Desde siempre, desde tiempos lejanos los cantos de las sirenas se han dejado escuchar y dejaron sombras de grandeza, zonas en ruinas, saqueo descomunal no solo de los productos de la naturaleza, sino también de oro, plata, zinc y ahora litio.

Los pueblos indígenas, según la historia que nos cuentan, desde siempre han sido sojuzgados; difiero de esta aseveración con el argumento que aún hoy nos sorprende, entonces cómo es que la magnificencia de las zonas arqueológicas, las edificaciones como Chichen Itzá, Tulum, Machu Picchu, las cabezas gigantescas de la Isla de Pascua en Chile, conocidas como moáis. 

Todos los países americanos tienen su propia historia ‘a priori’ y ‘a posteriori’. Esa historia que hoy sigue fascinando a pesar de los avances tecnológicos, hay muchas, demasiadas preguntas sin respuesta…

Lo cruel es el olvido de las autoridades, se comportan como los europeos de antaño, minimizan todo lo indígena y solo lo muestran y usan a su conveniencia. Deberían cambiar esa mentalidad y permitirles que concursen en el desarrollo, que participen en la toma de decisiones, quién sabe mejor las cosas que le faltan a sus pueblos que los mismos pobladores. Hay que brindarles confianza, que desarrollen su talento, que demuestren lo rico de la herencia de sus culturas y cortar de tajo esa suplantación que ya raya hasta en lo ridículo. No cuentan con verdaderos representantes, genuinos, de su estirpe, son “agandallados” por otros personajes que dicen ponerse el overol y al llegar todo se les olvida, hasta de quienes un día le dieron su confianza. Ya es tiempo de poner las cosas en su lugar, de llamarle pan al pan y vino al vino, las suplantaciones no son buenas y menos los mensajes subliminales.

Ante esta realidad, los indígenas siguen marchando detrás de los otros grupos sociales, no les respetan la herencia, las tradiciones, la historia, su cultura y sus lugares los ocupan otros advenedizos. Poco se ha hecho por ellos y lo venden como si fuera mucho. Me remitiré a la historia con una hermosa sentencia del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas: “La guerra no se ha perdido en esta tierra porque esta tierra volverá a nacer”. 

Nada dura para siempre ni es eterno, ojalá recapaciten y vean el respaldo que están dejando a un lado por su soberbia y clasismo.

Los indígenas no quieren más discursos, celebraciones, reconocimientos, condecoraciones, lo que quieren solamente son HECHOS. Basta de poses y fotografías, ¿no lo cree usted?

Mejor seguiré caminando y cantando a ritmo de mayapax: “Puruxón Cauich, nacido en Tahmek, un pobre uinic con cara de peek…”

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