Edgar Prz
Eran las dos de la tarde del miércoles, cuando Fredy, Martha, su esposa, y sus hijos andaban de compras en el supermercado; era tiempo de hacer la despensa. Llenaron su carrito con sus artículos de consumo y se encaminaron a la caja; hicieron la fila. Al llegar, sacaron la mercancía y, a la hora de pagar, dio su tarjeta, la colocan en la máquina y le dice la cajera: no pasa. Sorprendido dice: inténtelo de nuevo. Lo hacen y le dice la cajera: disculpe, aparece tarjeta bloqueada.
La confusión hizo presa de Fredy; la vergüenza ante su familia, ante la demás gente, ya que no traía efectivo. Ni modo, a devolver la mercancía.
Salieron del súper; su carácter había cambiado, estaba molesto, enojado, desconocía lo que sucedía. No se había enterado de la nueva disposición de la Suprema Corte, de las atribuciones donde le confieren a la UIF la potestad de poder congelar cuentas de cualquier ciudadano sin orden judicial, sin investigación; de tajo se eliminó la “presunción de inocencia”. Fredy investiga en su banca móvil y le aparece el texto que le leyó la cajera. De pronto se siente inútil, amarrado, frustrado, no acierta qué hacer.
Investiga y le notifican que, por indicación de un burócrata de la Unidad de Inteligencia Financiera, detectaron algunas irregularidades en sus movimientos, sospecha de dinero ilícito y por ello le bloquearon sus cuentas. No le dan más argumentos, no le informan con amplitud y la desesperación, al no poder disponer de su dinero, lo enerva y corre el riesgo de sufrir picos de azúcar.
Pedro y Jesús, dos adolescentes, estaban viendo un partido de futbol, degustando algunos litros de agua de lúpulo. A la hora de retirarse, Pedro dice: le llamaré al Chino para que venga a “rescatarnos”. Esa palabra aparece señalizada como uso de los “malos”. Tiene diferente significado para los jóvenes, parte de su léxico normal; es su manera de pedirle su presencia, que se acerque a acompañarlos, solo que para las autoridades cibernautas, para los que espían todas las pláticas, tiene otro significado: es una llamada de alerta, de auxilio, de alguien que está en peligro y ese motivo es causal de “intervenir y congelar tus cuentas”.
Estamos ante situaciones de “pérdida de derechos”, de abusos de la autoridad, ya que, sin mediar alguna orden de investigación, la sola presunción, lo que ellos supongan, te deja inerte, vacío, indefenso. Es un avasallamiento inmoral de la autoridad, en donde, por la intención de detectar recursos ilícitos, movimientos sospechosos, les permite la potestad de disponer de las cuentas de los demás. ¿Pues en qué estado vivimos?
La SCJN validó el congelamiento de cuentas bancarias sin orden judicial, sin intervención del Ministerio Público y sin necesidad de una solicitud de un organismo internacional, al considerar suficiente “la existencia de indicios” de lavado de dinero o financiamiento al terrorismo. Con esto, no solo avaló la actuación de la UIF, sino que también abandonó un criterio jurisprudencial que acotaba esa facultad.
Los ministros que votaron en contra argumentaron: no se debe autorizar que la UIF tenga una facultad tan abierta sobre los cuentahabientes. El bloqueo implica la imposibilidad inmediata de disponer de recursos económicos, lo que impacta directamente en derechos como la propiedad, el mínimo vital y la continuidad de actividades económicas, sin que exista una determinación judicial previa.
Es un escenario preocupante, ya que el Estado, en nombre de combatir al crimen, al narcotráfico, hoy puede quedarse con tu dinero, congelar tus cuentas y preguntarte después. Se acaba cualquier protección de la justicia y la indefensión ya forma parte del día a día. Otros traspolan esta determinación al campo político, en donde, con total libertad e impunidad, podrán reprimirte en lo elemental que es tu economía. Si les resultas incómodo, peligroso, contrario, eres rebelde y peleas los derechos legítimos de la gente, eres sujeto de formar parte de esta estadística. Es terrible, ya que apelan a que “el fin justifica los medios”. Es un combate directo a la oposición, a la disidencia; no quieren escuchar voces discordantes y de esa manera silenciosa, sigilosa, pretenden hacerlo. Si tú eres empresario y apoyas o financias algunos programas sociales, el Estado tiene la facultad de crearte un escenario adverso y lesionar tu economía para que te veas limitado en seguir brindando apoyo. Esto me permite agregar, a más de 30 años de distancia, el epitafio certero del gran Mario Vargas Llosa: “México tiene la dictadura perfecta”. No fue tan perfecta porque cayó, pero los nuevos detentadores del poder la están perfeccionando para alcanzar ese estatus, ¿no lo cree usted?
Los ejemplos con los que inicié la columna podrían cambiar de sujetos, pero la actitud cobarde, pueril con que se aprobó nos permite retirarle las arandelas al vestido…
Mejor seguiré caminando y cantando: “¿A dónde vamos a parar? Con esta hiriente y absurda actitud, démosle paso a la humildad. ¿A dónde vamos a parar? Cayendo siempre en el mismo error, dándole siempre más valor a todo, menos al amor…”



