17 abril, 2026

Concluye restauración del Cristo Negro de San Román

HAROLD AMÁBILIS

CAMPECHE.- Luego de dos meses de labores especializadas, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) entregó la imagen restaurada del Cristo Negro, Señor de San Román, una de las figuras religiosas de mayor arraigo popular en la entidad. El acto tuvo lugar en el santuario dedicado a esta advocación, situado en el tradicional barrio de San Román.

El párroco y rector del santuario, presbítero Juan Alberto Arcos Arana, encabezó la conferencia de prensa donde se expusieron los pormenores de la intervención. Lo acompañaron la directora del Centro INAH Campeche, Adriana Velázquez Morlet, y las restauradoras Leticia Jiménez Hernández y María Fernanda Escalante, responsables directas del proyecto.

Durante su intervención inicial, el presbítero Arcos Arana agradeció la cobertura del evento y subrayó el valor testimonial de la imagen. “Meditando sobre esta figura, valoro que es un testigo de la historia de Campeche. Ha presenciado el dolor y el sufrimiento de esta ciudad y de muchos campechanos, constituyéndose en un pilar y una fortaleza en la vida de numerosas personas”, expresó. Destacó la confianza que otorga conocer la historicidad de la pieza y la tranquilidad de contar con apoyo profesional para su conservación futura.

La directora del Centro INAH Campeche, Adriana Velázquez Morlet, agradeció al equipo de colaboradores del santuario y a los especialistas involucrados. Señaló que los trabajos iniciaron el 15 de febrero y concluyeron en abril. “Es una etapa muy importante en la que se ha obtenido información relevante sobre el estado de conservación de la imagen. Se encontraba en condiciones generales adecuadas, aunque presentaba detalles que debían atenderse. Por su valor simbólico, resulta justo e importante revalorar esta figura que ha acompañado a los campechanos a lo largo de su historia, en enfermedades, épocas de hambre y guerras”, afirmó.

Las restauradoras Leticia Jiménez Hernández y María Fernanda Escalante detallaron los procesos realizados. Explicaron que la intervención se abordó con gran responsabilidad y consenso, respetando los criterios de la disciplina. “Los tratamientos se enfocaron en deterioros puntuales que corrían el riesgo de agravarse con el tiempo. El resultado es una imagen integrada. Se decidió no retocar la policromía existente ni eliminar capas de repintes históricos”, puntualizaron.

Durante la presentación audiovisual, se describió el minucioso proceso de análisis y registro. Se realizó un modelado tridimensional de la escultura y la cruz a fin de documentar cambios futuros. En colaboración con la Universidad Autónoma de Campeche, a través del laboratorio SICOR dirigido por el doctor Javier Reyes Trujeque, se efectuaron estudios con luz ultravioleta, infrarrojo, termografía y ultrasonido. Estos análisis permitirán dar seguimiento al estado de conservación de la pieza en los años venideros.

Respecto a las labores físicas, se atendieron grietas y sistemas de craquelado mediante la inyección de colas naturales para estabilizar las capas pictóricas. Se retiraron elementos metálicos de intervenciones previas, los cuales resultaban perjudiciales para la madera en un ambiente de alta humedad. Las restauradoras explicaron que, en lugar de añadir materiales modernos, se optó por seguir recetas tradicionales: “Utilizamos colas naturales, barnices de origen vegetal y maderas de dureza similar a las originales. Las técnicas antiguas, realizadas por maestros imagineros, garantizaban la durabilidad en el tiempo”.

Un hallazgo relevante fue la identificación de múltiples intervenciones históricas. Las especialistas decidieron conservar aquellas capas que se encontraban estables y registrarlas detalladamente. “Somos cuidadosas en no invadir zonas innecesarias. Las intervenciones que realizamos deben ser identificables para futuros restauradores, a fin de evitar falsos históricos”, señaló la restauradora Escalante.

En cuanto a la cruz, se sustituyeron elementos metálicos que presentaban corrosión. En las secciones donde se requería resistencia mecánica, se emplearon tornillos recubiertos de plata. La limpieza de la pieza de orfebrería fue un proceso prolongado que implicó la remoción de manchas y la aplicación de una nueva capa de protección en las superficies plateadas y en los remates dorados.

El párroco Juan Alberto Arcos Arana manifestó su complacencia por el resultado obtenido y destacó el valor histórico y espiritual de la imagen. Describió al Cristo Negro como un testigo del devenir de Campeche, partícipe de coyunturas de adversidad, enfermedades y épocas bélicas. Agregó que la restauración asegura su preservación material y robustece el sentido de pertenencia de la feligresía. El presbítero cerró el acto reafirmando el compromiso de cuidar la imagen con apoyo profesional. “Caminaremos juntos para que se dé la atención adecuada. Este testigo de la historia de Campeche, que conoció el sufrimiento y hoy vive un siglo de paz, regresa a su altar”. Acto seguido, se procedió a descubrir la imagen restaurada del Cristo Negro ante el deleite de los presentes.

El Cristo Negro, Señor de San Román, figura entre las imágenes antiguas y entrañables de la región. Su historia se remonta al siglo XVI, conforme a lo indicado por el rector del santuario. Durante siglos, ha estado presente en la vida de los campechanos a través de distintos acontecimientos sociales y religiosos, consolidándose como un símbolo de identidad colectiva.

Con la entrega de la imagen restaurada, el INAH y la parroquia de San Román dan inicio a una nueva etapa de cooperación para la conservación del patrimonio sacro. Queda abierta la posibilidad de publicar los resultados de la investigación en revistas especializadas o en materiales de divulgación comunitaria, una vez concluido el análisis íntegro de los datos recabados durante la intervención.

La restauración del Cristo Negro representa un logro técnico y un acto de responsabilidad compartida entre instituciones y fieles. La imagen retorna a su altar en condiciones mejoradas, dispuesta a permanecer integrada a la vida diaria y espiritual de San Román y del conjunto de la sociedad campechana.

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