18 abril, 2026

El camino de Aurelio Sánchez Suárez hacia la conservación cultural desde la academia

HAROLD AMÁBILIS

En esta comunidad del Camino Real, donde la vida cotidiana convive con prácticas ancestrales, el doctor Aurelio Sánchez Suárez ha construido una trayectoria académica que mantiene a su lugar de origen como eje constante. Su labor como profesor investigador en la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales de la Universidad Autónoma de Yucatán no se puede entender sin ese vínculo, aportando desde la academia una visión para preservar el patrimonio del pueblo de Nunkiní.

Su historia comienza en un contexto de limitaciones y pobreza. Ingresó a la primaria a los cinco años, pero para continuar con sus estudios debía salir del pueblo. Ante la falta de opciones, y para buscar mejores oportunidades educativas, su familia optó por trasladarse a Campeche. A pesar de la distancia, Aurelio siempre regresaba a Nunkiní; cada periodo vacacional se convirtió en una rutina formativa, donde, a pesar de las carencias, su familia siempre buscó reforzar ese vínculo con la tierra, a través de recorridos en haciendas, zonas arqueológicas y espacios comunitarios que le dejaron una impresión duradera.

Desde esos años surgió su interés por el patrimonio cultural. Su primera aspiración fue estudiar arqueología, aunque esa posibilidad no existía en ese momento. Optó por arquitectura como alternativa, y con el paso del tiempo, entendió que su interés no estaba en el diseño, sino en el significado de los espacios y en lo que representan para las comunidades.

Su formación dio un paso decisivo al buscar becas y oportunidades que le permitieran alcanzar su verdadera vocación, logrando, con mucho esfuerzo, ingresar a la maestría en restauración en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía. El proceso de admisión era limitado y competitivo. Frente a aspirantes con mayores recursos académicos, decidió anticiparse, viajar a la Ciudad de México y prepararse de forma intensiva en la biblioteca de la universidad. Ese esfuerzo le permitió obtener uno de los lugares disponibles.

Durante la maestría enfrentó jornadas exigentes, con clases durante todo el día y actividades incluso en fines de semana. En ese ritmo constante encontró una ventaja, y sin distracciones, centró su atención en el estudio y consolidó su formación.

Después de graduarse, su trayectoria quedó definida por el reencuentro con su pueblo. En un inicio contemplaba trabajar sobre una hacienda, pero al observar las viviendas tradicionales de huano en Nunkiní, decidió replantear su proyecto para dar visibilidad a esta manifestación, en ese momento poco estudiada y valorada. Optó por la arquitectura vernácula. Ese momento marcó el rumbo de su trabajo y su acercamiento formal al estudio de la cultura maya.

Posteriormente cursó el doctorado, donde analizó elementos del paisaje como ceibas y pozos en el Camino Real. Más adelante realizó un posdoctorado en humanidades y ciencias sociales, incorporando un enfoque antropológico. En esta etapa amplió sus líneas de investigación hacia estructuras como los tablados, presentes en la vida comunitaria.

Al concluir su formación, enfrentó dificultades para encontrar empleo en Campeche. Reconoció que las oportunidades no siempre respondían a la preparación académica, y ante ese escenario, encontró en Mérida un espacio distinto. La Universidad Autónoma de Yucatán le permitió integrarse mediante un programa de retención, con lo que inició su carrera como investigador.

Desde esa posición, ha mantenido a Nunkiní como referencia en sus investigaciones. También ha trabajado en otras comunidades mayas, con una mirada centrada en los procesos culturales y sociales que dan forma a la vida local.

En materia educativa, observa avances importantes en su pueblo. El acceso a la educación ha mejorado en comparación con su infancia; sin embargo, destaca un cambio que considera significativo: el regreso de maestros formados en la propia comunidad. Hoy, muchos docentes son originarios de Nunkiní y enseñan en su lengua. Esto ha fortalecido el aprendizaje desde los primeros años.

A pesar de ello, identifica retos. El acceso a información especializada continúa siendo limitado; la conectividad y las bases de datos académicas no siempre están al alcance de los jóvenes nunkinienses. Por ello, él aspira a que en un futuro se puedan reforzar las bibliotecas públicas y ampliar la disponibilidad de materiales producidos por investigadores para los verdaderos custodios de la tradición, la gente de las comunidades.

Reconoce el esfuerzo de generaciones anteriores, que enfrentaron carencias para sostener la educación de sus hijos. En la actualidad, observa mejores condiciones; aun así, subraya la vigencia de los saberes tradicionales, vinculados al monte, la milpa y el uso de plantas, que siguen formando parte de la vida cotidiana y son aprendizajes que no necesariamente se adquieren en las aulas.

Al dirigirse a los jóvenes, plantea una recomendación directa, el de seguir sus intereses y mantener la constancia. Considera que la vocación se construye con el tiempo y que el camino académico no siempre es lineal. 

Aurelio señala que algunos modelos de desarrollo han debilitado la identidad de otras comunidades; sin embargo, en el caso de Nunkiní, sostiene que su fortaleza está en el arraigo y en la capacidad de sus habitantes para mantener sus raíces, incluso cuando su formación y trabajo se desarrollan fuera del pueblo.

Related Post