Claudio Obregón Clairin
Los Relatos
La mayoría de las culturas primigenias mundiales comparten un imaginario mitológico común aún y cuando carecieron de contactos entre sí o se desarrollaron en periodos históricos diferentes y, en algunos casos, estuvieron separadas por océanos.
En los relatos fundadores de diversas tradiciones religiosas (salvo China, Australia y África Subsahariana) ubicamos a dos hermanos: Caín y Abel, Rómulo y Remo, Xbalamqué y Hunahpú, Ahura Mazda y Angra Mainyu, Osiris y Seth o Malina y Anningan. Algunos mitos coinciden en que la vida se originó en el Inframundo, en que los primeros seres fueron hechos de barro o que eran gigantes y que padecieron un diluvio.
Desde el ártico a la selva pasando por la Creciente Fértil, India, Persia y Mesoamérica, distinguimos la presencia de estos mitos y tal coincidencia es motivo de investigaciones y acalorados debates, pero no hay consenso.
La evidencia indica que existe un corpus unitario que tuvo sus orígenes en el Paleolítico y, si quisiéramos explicar en la terminología contemporánea, podemos afirmar que la mayoría de los seres humanos antiguos compartieron la información de un “disco duro” común.
El continuismo de la influencia paleolítica tiene sentido cuando leemos a Fernanda Frasco y Gabriela Morais quienes en su obra Portugal, Mundo dos Mortos e das Mouras Encantadas (2) plantean que “el Paleolítico es la época más larga de la historia del homo sapiens sapiens y la edad de la oralidad por excelencia. Fue la época de la prehistoria con la mayor estabilidad demográfica, económica, lingüística y cultural. Durante cerca de 30.000 años, entre 40.000 a.n.e y 10.000 a.n.e los seres humanos dependieron exclusivamente de la naturaleza”.
En su obra Peut-on retrouver les mythes préhistoriques? L’exemple des récits anthropogoniques (1), el Dr. Jean Loïc Lequellec publicó un exhaustivo análisis mundial de los mitos antropogónicos o relatos que explican el origen de los seres humanos y ubicó que existen dos mitos primordiales: La Emergencia y El Pájaro Clavadista.
El primero plantea que todo surgió del subsuelo y, en ocasiones, algunas versiones apuntan a que los seres humanos y los animales salieron de una cueva. El segundo es un poco más elaborado ya que implica la actuación de un pájaro clavadista que —en algunas tradiciones— después de 3 clavados, llegó al fondo de un mar o al de un lago primordial de donde tomó el barro con el que se formaron los seres humanos.
En el caso de la religión que profesaron los mayas históricos, identificamos la presencia de vestigios de ambos mitos primordiales. El libro Popol Vuj narra la presencia de un ave mitológica maya llamada Vucub Caquix, la cual se creía el Sol y tuvo un destino trágico. Desde el punto de vista plástico, vemos su presencia en las estelas de Izapa y en los murales de San Bartolo. Sabemos que con sus cerbatanas los gemelos fundadores le lanzaron un bodoque y fue tan duro el golpe, que perdió sus dientes y descendió violentamente. Su caída, expresa una metáfora en la cual un mito antiguo es suplantado por el posicionamiento de un nuevo mito: el de los gemelos preciosos quienes después de vencer a las entidades del inframundo, se transfiguraron en el Sol y en la Luna.
El mito del ave clavadista es representado entre los mayas por el cormorán, que en algunas ciudades como Palenque es identificado con el Poder de los gobernantes mayas, ya que, por sus cualidades, el cormorán puede habitar en los tres sustratos: cielo, tierra y submundo. En la mitología maya, reconocemos que el inframundo es el espacio donde se genera la vida y las cuevas son portales integrados a la montaña sagrada (pirámide) que la epigráfica nombra “witz”.
Los cazadores escultores
El arqueólogo alemán Klaus Schmidt develó en Göbleki Tepe, Turquía, que hace 13,500 años diversas bandas de “cazadores” se organizaron para construir los primeros recintos megalíticos en los que se escenificaban ceremonias chamánicas, rituales de iniciación y suculentas comilonas.
Recientemente, en el pueblo de Sayburç —cercano a Göbleki Tepe— la arqueóloga turca Eylem Özdoğan descubrió unos fantásticos grabados paleolíticos datados hace 12,600 años en los que se observa a un individuo (probablemente un ancestro fundador) esculpido en una banca tallada en la piedra madre que preside un gran salón de reuniones, dicho personaje, se está masturbando custodiado por dos felinos (lado derecho superior de la fotografía que acompaña el artículo).
El panel grabado en Sayburç es una de las primeras representaciones paleolíticas en las que se representa al Poder relacionado íntimamente con la eyaculación. Miles de años más tarde, los gobernantes acadios realizaron coitos públicos en el templo Eanna para justificar su relación divina con la diosa Inanna.
Como apreciamos en el grabado de Sayburç, el dignatario que se masturba está acompañado por dos felinos que lo custodian y son garantes de su Poder. Seis mil años después de Sayburç, en la ciudad de Çatal Hüyük, Turquía, (imagen superior izquierda en la fotografía) y “en un contexto doméstico mas no religioso” se ubicó la escultura en barro de una mujer sentada en un trono. Al igual que el dignatario paleolítico de Sayburç, la mujer neolítica está acompañada de dos felinos y ha sido considerada como una de las primeras esculturas de sociedades urbanas de la Diosa Madre.
(En futuras entregas analizaremos la propuesta interpretativa de la Diosa Madre relacionada con esta mujer al igual que con otras sensuales esculturas de mujeres de Çatal Hüyük y con las regordetas mujeres de los sitios paleolíticos de Malta. Sugiero reconsiderar el idílico concepto de “Diosa Madre”, que, a la luz de las excavaciones arqueológicas, es el resultado de una interpretación contemporánea más que una impronta antigua. A mi entender y al de otros investigadores como Marylène Patou-Mathis, directora de Centro Nacional de Búsqueda Científica del departamento de prehistoria del Museo Nacional de Historia Natural, Francia, la interpretación de la Diosa Madre paleo-neolítica se trata de una orfandad inducida por el pensamiento machista y freudiano de los investigadores masculinos, quienes son mayoría en la interpretación de la iconografía de las culturas paleolíticas y neolíticas).
Lo que resulta sorprendente es que tanto en la imagen de Sayburç como en la representación de la poderosa mujer de Çatal Hüyük o en la ascensión al Poder del soberano de Palenque, K’inich Janaab’ Pakal K’in (imagen central superior de la fotografía), y en el trono delante al Templo del Gobernador en Uxmal (imagen inferior de la fotografía), dos felinos de ecosistemas diferenciados aparecen custodiando a quienes sustentan el Poder.
¿Cómo explicar esta semejanza?
Es complicado porque súbitamente aparece un fértil escenario para las conjeturas sin rigor académico. Una aproximación con intención científica pudiera retomar el estudio de Jean-Loïc Lequellec, constatando que los pasajes mitológicos paleolíticos tribales se mantuvieron vigentes en las mitologías de la mayoría de las religiones de las sociedades agrícolas.
Esta interpretación sugiere que las culturas de desigualdad social hereditaria compartieron un bagaje milenario, un implante fundacional que gravitó en la mente de los humanos que migraron y poblaron la mayoría del planeta a partir de la región de Anatolia y la Gran Creciente Fértil. Esta hipótesis precisaría contemplar que más que un fenómeno de intención unilateral, fueron varias y constantes las migraciones que partieron desde Anatolia hacia Europa, Asia y América. Por su aislamiento geográfico o por predilección cultural, China, África subsahariana y Australia, cuentan con otros imaginarios primordiales.
Del gobernante masturbándose con felinos en Sayburç hasta el trono con cabezas de jaguares de Uxmal median al menos 11,500 años… si bien aún no podemos encontrar una respuesta científica a tal semejanza iconográfica, su prolongada temporalidad nos da una certeza: se trata del concepto mitológico de más larga permanencia en la mente humana y en él, participaron por igual mujeres como hombres quienes para justificar la dominación sobre “los otros”, se hicieron acompañar por felinos alfa.
Es igualmente remarcable que, en Mesoamérica, únicamente los mayas lo incorporaron a su imaginario y, en el caso de Uxmal, como en el de Sayburç, hay un falo pétreo involucrado en el asiento de los gobernantes…
(2). https://rastko.rs/files/books/69402bed16f46.pdf (Pag. 22)
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